Del asociacionismo

El individualismo es una actitud que define a aquel que va a su rollo, a su puta bola, buscando sólo su interés, sin prestar atención a los demás. El individualista sólo hace lo que le apetece, siguiendo el dictado de su egoísmo. Hace años se aludía a la vida cocoon (en inglés significa capullo) que define este estilo de vida: el hombre que pasa muchas horas en el trabajo, de ahí a su casa, no necesita ir al cine porque se baja las películas y las ve en su casa, no va al bar porque tiene bien nutrido el mueble bar de su salón, no conoce a sus vecinos, pasa de reunirse con sus amigos, está enfrascado en los aparatitos que le ofrecen las nuevas tecnologías. O sea: vida social, cero patatero.

 

Esto es negativo para el individualista, pues somos seres sociales y necesitamos el calorcito de los demás. No estamos hechos para vivir aislados, en la pura soledad (como pensaba Chris McCandlees, como se narra en la magnífica película “Hacia rutas salvajes”, basada en su vida: un chaval que recorre a dedo gran parte de Estados Unidos porque piensa que la felicidad se consigue viviendo a solas, como si fuese un animalito, en Alaska. Una película que aconsejo a mis lectores). Pero lo que me interesa destacar ahora es que esa actitud es negativa no sólo para él, sino también para la sociedad, sí. Yo pienso que la vida también debe ser empleada para dejar huella en los demás, para aportar un granito de arena en la sociedad que te ha tocado vivir. Lo bueno que tú tienes no te lo puedes quedar para ti solo.

 

Me emociona la cantidad de gente que es capaz de sacar un rato de su tiempo para ayudar a los demás, para compartir la experiencia de leer, para defender el patrimonio de Toledo, para hacer…

 

La sociedad civil necesita el asociacionismo, que las personas se agrupen según los intereses que tienen, que se reúnan para debatir temas, para viajar juntos, para criticar medidas políticas, para ver películas, para comentar libros, para hacer comilonas, para pasear, para lo que coño sea. Las asociaciones o grupos son pequeñas escuelas de democracia, porque en ellos se aprende a escuchar y a argumentar, y son como el cemento social, el capital cívico que mantiene vivo eso que llamamos sociedad. Esta conexión entre las personas genera una gran riqueza, es el combustible que hace que la sociedad esté viva y coleando.

 

Seguir leyendo...

 

Pienso en esto porque es alucinante la cantidad de gente que dedica su tiempo en participar en grupos sociales o en este tipo de actividades (sin que les paguen: sólo porque quieren, por solidaridad o amor al arte. A modo de ejemplo voy a enumerar algunas de estas asociaciones: la asociación del Toledo antiguo y medieval, los amigos del museo Santa Cruz y del Greco, los amigos del Teatro de Rojas, Urbs Regia, la Real Academia de Toledo, la asociación Montes de Toledo (dirigida por Ventura Leblic), la asociación de mujeres María de Padilla, el Ateneo (con Juanjo Fernández Delgado a la cabeza), La casa de Melilla, Cáritas, TSPyC (Toledo, Sociedad, Patrimonio y Cultura), Redmadre y muchísimas más. A ello habría que sumar las asociaciones vecinales (como Iniciativa Ciudadana del Toledo Histórico). Es increíble la cantidad de asociaciones que existen en Toledo. ¡Es muy importante que se mantengan! Gracias a ellas la sociedad toledana se mueve y está activa. Sólo hay que ver todas las actividades (culturales, festivas, musicales, etc.) que se organizan cada semana.

 

El otro día me invitaron a la presentación del curso de los clubes de lectura que auspicia la Biblioteca de Castilla-La Mancha. Y allí la directora, Carmen Morales (que pilota muy bien la Biblioteca con un espléndido equipo) habló de ¡30 clubes de lectura!, algunos de ellos en otros idiomas. La tarea solitaria de leer se convierte en algo social cuando se comparte con los demás. ¡Qué maravilla! Incluso hay un club de lectura fácil para personas con dificultad en la comprensión lectora (como el de “Las soñadoras” que coordina Marisol Anguita).

 

Me emociona la cantidad de gente que es capaz de sacar un rato de su tiempo para ayudar a los demás, para compartir la experiencia de leer, para defender el patrimonio de Toledo, para hacer visitas culturales, para editar una revista, para hacer tantísimas cosas. Lo fácil es quedarse en casa descansando, tirado en el sofá, mirando la tele (que se ha convertido en pura bazofia) sin mover un dedo (salvo para el movilete), tan a gustito. Pero no. Muchas personas dedican su tiempo a otras actividades que les ponen en contacto con los demás para compartir aficiones o para ayudarse. Aquí pongo un plasplás enorme porque cuentan con mi aplauso.

 

Y ahora queda una pregunta: tú que me lees, además de cultivar tu vida privada (que es fundamental, claro) ¿haces alguna cosa para aportar algo, una pequeña luz, para que el mundo que tienes al ladito sea más justo, para compartir tus aficiones, para ayudar a los demás, para aprender lo que te gusta? No seas capullo: sal del capullo, mueve tu cucu y colabora con la asociación que más te atraiga.

Seguir leyendo… »

    

Santiago Sastre

Latest posts by Santiago Sastre (see all)