DE SEGOBRIGA A VALERIA

Hace más de 2.000 años los romanos encontraron en lo que hoy es la provincia de Cuenca numerosas minas de lapis specularis, un yeso traslucido que se hizo famoso en todo el imperio y que ellos utilizaban como el vidrio antes de que la fabricación de este se popularizara. El comercio de este mineral facilitó el desarrollo de tres prósperas ciudades: Segobriga, Valeria y Ercávica, con imponentes construcciones públicas cuyos restos podemos visitar.

 

El anfiteatro de Segóbriga.

 

Cuando uno visita un yacimiento arqueológico debe hacer con frecuencia un ejercicio extra de imaginación para entender cómo se organizaba el espacio y se prolongaban los cimientos dispersos hasta conformar un monumento, una vivienda o una estructura compleja. Pero en Segobriga uno comprende, casi de un vistazo, cómo fue el centro político, económico y social de aquella floreciente ciudad romana donde se negociaba con grandes cantidades de lapis specularis extraído en un entorno de hasta 100.000 pasos alrededor, como narró Plinio el Viejo. Llegó a ser tan rica que en el siglo I aC ya acuñaba moneda.

 

Porque en Segobriga podemos ver casi tal cual un precioso teatro con su escenario, su foso y su graderío casi intacto para acoger a 2.500 espectadores, donde miles de estudiantes de cultura clásica de todo el país representan obras grecolatinas en un festival que se celebra en primavera desde hace 35 años. Muy cerca se conserva buena parte del anfiteatro con el doble de asientos que el anterior en torno a la arena donde luchaban los gladiadores, con estancias y pasadizos bajo el graderío que se pueden recorrer y una magnífica acústica.

 

Ambos se construyeron fuera de los muros de la ciudad, pero muy cerca de la puerta principal de acceso y de la vía desde la que nos asomamos al foro, una enorme plaza en torno a la cual se disponían los edificios públicos: la basílica, donde se impartía justicia y se negociaba la venta del yeso traslucido hasta que se construyó, exclusivamente para ello ante el volumen de negocio, un aula basilical en el siglo I. O la curia que alojaba el gobierno local, o siete tabernaes (nuestros actuales comercios).

 

La fachada monumental de Valeria, con una pequeña reconstrucción en madera y delante los cimientos de las tabernae, sobre los que se situaba el gran ninfeo de 95 metros.

 

Podemos ver los cimientos, las basas y los fustes de enormes columnas e incluso alguna escultura de las 7 que se han encontrado en el foro. A uno de sus lados se ha recreado un criptopórtico que nos da idea de cómo los arquitectos romanos salvaron los desniveles del paraje para construir su gran plaza. Se puede entrar al interior, que servía como archivo, almacén y zona de reunión.

 

Seguir leyendo...

 

 

 

 

 

 

    

Latest posts by Pilar Palop (see all)