DE LOS VISIGODOS A LOS TEMPLARIOS

Entre 1221 y 1307 los templarios, ya constituidos en encomienda, la tercera más importante de Castilla, convirtieron la fortaleza de Montalbán en su sede militar y el antiguo monasterio visigodo de Melque, a cinco kilómetros, en el religioso. Desde 1931 ambos monumentos, situados en San Martín de Montalbán, están protegidos como conjunto artístico nacional.

 

El interior de Santa María de Melque, la iglesia visigoda mejor conservada de España

 

Melque es uno de esos sitios mágicos al que siempre es un placer regresar. Atrapan los enormes e irregulares bloques de granito en sus robustos muros, la sencillez de sus escasos elementos decorativos, sus bóvedas, sus ventanitas y sus perfectos arcos de herradura, el silencio y la penumbra que invaden esta pequeña iglesia con más de 13 siglos de historia. Y atrapa el misterio que encierra.

 

El templo de planta cruciforme se levantó a finales del siglo VII en el centro de un complejo monástico, uno de los muchos que desde el siglo IV fueron surgiendo en torno a Toledo, la capital del reino visigodo. Sabemos que en el brazo meridional hubo un gran sarcófago de piedra que debió corresponder a un personaje destacado de la corte visigoda. Algunos investigadores sostienen, de hecho, que la iglesia fue ante todo un panteón monumental.

 

Mantuvo una comunidad y el culto mozárabe hasta casi el siglo IX. Los árabes terminaron convirtiéndolo en fortaleza y levantaron sobre el crucero una torre que hoy vemos semiderruida. Volvió a ser iglesia con la reconquista cristiana y en el siglo XIII la sede religiosa de la encomienda de Montalbán de los templarios, que tenían a cinco kilómetros su gran fortaleza. Cuando la perdieron, el templo siguió sirviendo al culto para el entorno, hasta la desamortización del siglo XIX. Se convirtió entonces en un pajar y en un establo para el ganado.

 

La fortaleza de Montalbán revivió con el rodaje de las series de televisión ‘Isabel’ y ‘La Catedral del Mar’ hace unos años. Para la primera (cap. 31) simuló ser un campamento aragonés en Nápoles; para la segunda (cap. 4) una fortaleza del Rosellón asediada.

 

A principios del siglo XX el conde de Cedillo, Jerónimo López de Ayala, redescubrió su importancia y aunque desde 1931 es un monumento nacional, permaneció semiabandonada hasta 1968, hasta que la Diputación provincial se hizo cargo de lo que entonces se consideraba una ermita rural. Avanzó en la investigación, la rehabilitación, la puesta en valor del espacio y lo abrió a la visitas. Hoy podemos ver su interior casi como llegó a ser en su origen, a falta del monumento funerario, del mobiliario, probablemente de las lámparas y coronas votivas, las telas y grandes cortinajes que lo decoraban y lo dividían en estancias, como los visigodos hacían en sus templos.

 

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