DANIEL GARBADE, El artista suizo que desde 1987 tiene su casa en Mascaraque, expone este mes en la iglesia de San Sebastián de Toledo

 

Cada obra son muchas obras, un colagge, un mosaico etrusco donde cada tesela es una experiencia del artista. Ya de por si el lugar donde se expone, esa pequeña joya que es la iglesia de San Sebastián, en la ronda cornisa de Toledo, es excusa suficiente para visitar una exposición fantástica, divertida (aconsejo ir con un móvil en modo fotografía para verla y comprobar que, a veces, el ojo no nos lo cuenta todo) de un gran artista suizo que un día decidió que Mascaraque (Toledo) era un buen sitio para vivir, casarse y trabajar.

 

En la exposición, en la que rinde homenaje al Greco y a Picasso, también pueden verse dos dibujos de éste propiedad de Garbade. Y es que Picasso, al que Daniel descubrió de niño, era amigo de su abuelo, el político suizo Paul Lachenal, quien llegó a adoptar al hijo de Picasso, Paulo, durante la II Guerra Mundial para que pudiera escapar de la Alemania nazi. La obra de Garbade y su reflexión sobre el ser humano la resumía en 1996 el premio nobel de Literatura, José Saramago, al hablar de una exposición que precisamente tuvo lugar en Toledo, en el antiguo convento de San Ildefonso, con el tema de la diversidad como fondo: “Garbade viene a mostrar caras y miradas de lo humano precisamente donde este más se revela y más se disfraza”

 

AQUÍ: Tengo dos por qué que formularle de primeras. Por qué ahora este homenaje a Picasso y al Greco y por qué juntos.

 

D.G.: La propuesta de Toledo para hacer una exposición coincide con que ahora mismo tengo bastante obra sobre Picasso que podría enseñar, llevo trabajando durante los últimos 5 años sobre su obra y quería llevarlo a cuadros más grandes, no solo dibujos. Y el Greco es ex profeso. Al surgir la idea de hacerlo en esta iglesia pensé que vendría bien hacer algo especial para Toledo.

 

AQUÍ: Otro por qué de carácter personal que me intriga es su elección por Mascaraque para pasar gran parte de su tiempo. ¿Qué le une a esta localidad toledana?

 

D.G.: Ahora muchas cosas, pero al principio cuando fui no lo conocía. Hace 30 años tenía mi estudio en Madrid y buscaba un sitio más tranquilo, a través de unos amigos conocí a Javier Vallhonrat que tenía una casa en Mascaraque y la quería vender; se la compré y la hice mi segunda patria, allí tengo mi estudio y con el tiempo conocí más a la gente, la región y la verdad es que es un pueblo que me encanta. He tenido mucha suerte de llegar ahí.

 

AQUÍ: Es usted suizo, es cubano, es español, ¿de dónde es?

 

D.G.: Soy suizo, me mudé aquí en el 83; aunque antes estuve de niño. Mi padre, que es de origen cubano y pasaporte norteamericano, vivió en EEUU y en San Sebastián y a partir de los 15 años en Suiza, donde conoció a mi madre que es de Ginebra; después de la segunda guerra mundial se casaron y se fueron a vivir a Madrid. Aquí pasaron 7 años y nacieron mis hermanos; pero yo nací en Zurich. Mi padre se había nacionalizado y yo soy suizo; pero muy mezclado. Lo de Cuba viene por la parte de mi padre, porque mi abuela era cubana, ella murió muy joven y entonces mi abuelo se mudó primero de Cuba a EEUU y luego a San Sebastián donde murió.

 

AQUÍ: Y desde esa posición como vive el momento actual de exaltación nacionalista y de cierres de fronteras.

 

D.G.: Es un tema que nos preocupa mucho en Suiza. Yo de niño tuve la suerte de vivir en un país donde había mucha inmigración; recuerdo que en mi clase había dos tibetanos, cuatro checoslovacos y un húngaro. En mi infancia eso me parecía muy normal y además viniendo de una familia tan mezclada, aunque mi madre más ginebrina no podía ser. Uno de los problemas que siempre he visto en Suiza es que no se ha integrado los suficientemente en Europa y creo que lo que se debería hacer es unirnos todos en un país y da un poco igual de donde eres. Yo no tengo que ser de Zurich o de Ginebra, al fin y al cabo soy un europeo, un ciudadano del mundo y pienso que lo mismo hay que aplicar a España. Hay que guardar las raíces, conocerlas, es bonito saber de dónde viene uno, pero también es bonito cuando vienes de Suiza a vivir en Toledo conocer algo de España, de la cultura de aquí. No es mía la cultura de España ni tampoco lo es la de Suiza porque yo no he hecho nada, ya estaba, a nosotros nos toca también hacer algo para nuestro entorno.

 

AQUÍ: Usted ha clausurado hace poco una exposición fotográfica en Photo España. Son fotos de su familia, de sus antepasados con los que compone retratos, su propio ADN. ¿Tanta influencia han tenido en usted? o son miradas evocadoras de un pasado que, dicen, siempre fue mejor.

 

D.G.: Es curioso porque antes no había hecho nada sobre mi pasado; no soy nada nostálgico. Mis padres fallecieron hace cinco años y a partir de ahí empecé a ver las cosas con una perspectiva muy diferente a la de cuando vivían. Ahora puedo ver con mucha mayor tranquilidad todo lo que era mi familia, sin esa emoción directa, aunque hay que decir que emoción siempre tenemos y con la madre más, la mía tenía alzheimer y era duro, tan duro que en los cuadros que estoy haciendo todavía no puedo poner fotografías de mi madre dentro, pero con los otros si tengo una distancia. Hacer esos cuadros de ADN creo que me ha ayudado a ensamblarme mejor en mi vida, el saber de donde vengo.

 

AQUÍ: ¿Cómo se refleja su vida en su obra? Aseguran que está plagada de guiños humorísticos autobiográficos.

 

D.G.: No se si todo lo humorístico es autobiográfico; pero si creo que el humor es esencial no solamente en la vida, debería serlo también en la obra pictórica. Lo que ocurre es que el humor es más fácil tenerlo en los dibujos que en los cuadros. Siempre digo que el dibujo es más como una poesía, es una frase, mientras que un cuadro es como una novela, una obra entera, entonces eso tiene que tener también un poco de peso. Al fin y al cabo tu quieres tener algo con sustancia en tus cuadros. Ahora precisamente estoy intentando llevar un poco el humor de los dibujos hacia los cuadros.

 

AQUÍ: Usted a tratado con los grandes, con Saramago, con Rafael Alberti, con Leopoldo Alas Mínguez, con Luis Antonio de Villena, con Jesús Ferrero o Molina Foix entre otros. ¿De dónde le viene ese trato?

 

D.G.: La relación con los autores que citas surgió de hacer una revista que se llamaba Signos con Leopoldo Alas, cuando llegué a este país y no conocía bien el idioma. Fue muy bueno para mi, para entender el idioma y entender este país. AQUÍ: Es pintor, fotógrafo, ilustrador, decorador de cine ¿con qué se identifica más o todo es una misma cosa? D.G.: Más que nada soy dibujante, es lo que mejor se hacer, aunque lo quiero probar todo. El cine era mi carrera, de ahí la fotografía, y el dibujo me ha acompañado desde niño y la escultura y la escultura tiene mucho que ver con el dibujo, Picasso,por ejemplo, para mi es escultor y dibujante, muchos de sus cuadros se entienden porque era escultor.

 

AQUÍ: ¿Y por cual deberían llamarle artista?.

 

D.G.: La palabra artista es muy grande, puede serlo alguien que me cuenta un cuento en la plaza Jamma el Fna de Marrakech. En cada profesión puede uno ser artista si es creativo, hay que tener interés y sobre todo talento.

 

AQUÍ: Que opina del “marco incomparable” como se dice en estos casos (San Sebastián de las carreras) donde se expone su obra “En cama con Greco y Picasso”

 

D.G.: La primera vez que la vi quedé fascinado de poder exponer en un sitio como este, es muy raro que se pueda hacer eso, hay pocos sitios tan emblemáticos sobre todo porque evoca mucho la historia de Toledo. Por eso hacer una exposición temática con algo que tenga que ver con Toledo dentro de este marco tiene mucho más significado, es más interesante y más divertido, te pide más.

 

AQUÍ: Usted es un artista muy comprometido con la causa de la diversidad. Su boda fue la primera de una pareja del mismo sexo en Mascaraque, en 2006. ¿Siente que ya no es necesario tanto compromiso o queda mucho por andar todavía en este terreno?

 

D.G.: Creo que queda mucho por andar. Yo he tenido mucha suerte, mis padres tenían una mente muy abierta, desde joven podía expresar mi amor a otro chico y no había ningún problema y eso es un privilegio que mucha gente no tiene. En Europa, en las ciudades, es fácil, puedes besar a alguien, salir a la calle y enseñar ese primer amor que tienes de joven, es lo más bonito; ahora, en tu propio pueblo, al lado de tus propios padres no lo haces y esto tiene que estar más normalizado. Hay que decir que en España sois mucho más tolerantes de lo que se piensa, cuando se hizo la Ley del matrimonio entre miembros del mismo sexo la mayoría de la gente estaba a favor en las encuestas. Eso no era tan claro en otros países más del norte que decíamos que eran más modernos. Yo siempre he visto una tolerancia absolutamente maravillosa hacia mi, pero no se como es en los pueblos hacia alguien de tu propia familia.

 

AQUÍ: Dice que “Mientras me llegaba la inspiración durante las noches para mis nuevas obras, tenía la sensación de que Greco y Picasso me visitaban oníricamente y me iban dirigiendo”. ¿Es retórica o lo sentía de verdad?

 

D.G.: Si, cuando lo leo otra vez en el catálogo parece un poco… lo explico. Yo tenía una tía abuela que hacía su terapia de joven con Gustav Jung y cuando tenía 90 años me hacía terapia a mi. Ya cuando yo era más joven me pedía que le contara mis sueños y yo se los contaba y me decía: Daniel tienes una imaginación maravillosa, pero no te va a servir de nada si no la ordenas y para hacerlo tienes que crear en tu mente una sala, una habitación y piensas en la gente y en las cosas que te gustan y no te gustan. Años después, en la terapia con ella, seguimos hablando de ello. Entonces yo me cree mi habitación mental donde invitaba a los grandes pintores y fue un ejercicio estupendo para aprender la relación que tienes con otros. Suena muy pretencioso soñar con Picasso y el Greco, pero es que los he invitado (risas) a mi pequeño laboratorio. Es un ejercicio que funciona muy bien a todo el mundo, no tiene por qué ser con Picasso puedes “llevar” a cualquiera a tu propia habitación.