Cucharada y paso atrás

Cuando no hay platos para todos y hay que comer en olla común es costumbre avanzar un paso, tomar una cucharada y volver a dar un paso atrás para dejar turno al siguiente. Con este trasiego se entretiene el estómago, pero no alimenta. Esta misma dinámica de cucharada y paso atrás parece haberse consolidado en el mercado laboral, que reparte el empleo a cucharadas y por turnos.

 

Atención a estos datos: el año comenzó con 186.718 parados en Castilla-La Mancha; en los primeros cuatro meses, entre enero y abril, se han firmado en la región 249.115 contratos de trabajo. En un mundo feliz, si todos estos contratos -o al menos una buena parte- hubieran sido indefinidos, ya estaría resuelto el desastre del desempleo, pero la realidad es que casi 250.000 contratos después, en las listas oficiales del desempleo quedan 185.040 castellano-manchegos sin trabajo (y a casi 95.000 de ellos se les ha quitado hasta la cuchara: no cobran ninguna prestación ni subsidio de desempleo).

 

Según la Encuesta de Población Activa (EPA), que es la que tiene en cuenta Europa para saber el desempleo de un país, el 20,68% de los ciudadanos activos de nuestra región está en paro, cifra que se incrementa hasta el 25’12% en el caso de las mujeres y hasta el 46% en el de los jóvenes.

 

Es cierto que desde 2013, cuando se alcanzó un máximo en la región del 31’20%, el desempleo ha ido en retroceso, lentamente y con vaivenes, hasta bajar en más de diez puntos. Sin embargo, si pese al crecimiento mantenido de la economía en los tres últimos años parece misión imposible volver a esa tasa de paro del 7% que se tenía en Castilla-La Mancha en el verano de 2007, es porque el empleo que se crea es de cucharada y paso atrás, o pan para hoy y hambre para mañana.

 

El viejo anhelo de lograr una sociedad de pleno empleo ha caído en el olvido. Parece haber una resignación generalizada, una aceptación de que los tiempos han cambiado (a peor) y que hay que pensar en alternativas para mantener alimentada y conformada a la población excluida del mercado laboral.

 

Un síntoma de esa resignación es, tal vez, el escaso eco social que tiene el llamamiento sindical a salir a la calle exigiendo empleo en cantidad y calidad (escuálidas han sido las manifestaciones del 1º de Mayo); o, en el plano político, el anuncio que el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, hacía, coincidiendo con el 1º de Mayo, de “mantener para siempre los planes públicos de empleo”.

 

Así, la futura ley de Garantías Ciudadanas de Castilla-La Mancha tiene mucho que ver con el paro estructural, reconoce como emergencia social a los parados de larga duración, a las familias con todos sus miembros en desempleo o a los trabajadores pobres, colectivos que entran sigilosamente en el ámbito de la caridad o la asistencia social. No es para resignarse.

Prado López Galán
Prado López Galán

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