CUANDO HAY QUE VIVIR CON PROTECCIÓN POLICIAL

Mónica Ballesteros, jefa de la unidad EMUME de Toledo. En la pared, un diploma que acredita la Medalla de Oro que la Junta les concedió en 2013 por la trayectoria del equipo.

 

1.090 mujeres tuvieron durante el mes de octubre protección de la Policía o de la Guardia Civil en Castilla La Mancha porque se determinó que podían correr riesgo (desde bajo a extremo) ante sus maltratadores; y otras 1.755 fueron objeto de seguimiento policial como víctimas de violencia de género, aún sin apreciarse, en principio, riesgo para ellas.

 

 

Estos datos son del Sistema de Seguimiento Integral de los Casos de Violencia de Género (VioGén) que puso en marcha el Ministerio del Interior hace ahora 10 años. Por sí solos, ya dan idea de la magnitud que sigue teniendo el problema de la violencia hacia las mujeres ejercida por sus parejas o exparejas (es el tipo de violencia de género que registra este sistema informático estatal). Y son solo una parte de las víctimas: aquellas que han denunciado o las que se han visto inmersas en un atestado policial porque terceros han denunciado sus situaciones, algo cada vez más frecuente; bien de su entorno (familiares, amigos, vecinos…) o por parte de los servicios sanitarios que han detectado el caso y están obligados a comunicarlo.

 

Solo en la ciudad de Toledo la policía está pendiente de entre 95 y 105 mujeres habitualmente. Todas tienen un número de teléfono asignado al que pueden llamar a cualquier hora si detectan algún peligro o necesitan resolver alguna duda. La gran mayoría están valoradas por el sistema VioGén como de riesgo ‘inapreciable’ o ‘bajo’, en función de múltiples criterios que se tienen en cuenta para determinar el nivel de peligro en el que se encuentran frente a sus agresores.

 

De las 2.845 mujeres que estuvieron el mes pasado bajo seguimiento de la Guardia Civil o de la Policía en Castilla La Mancha, 3 se encontraban en riesgo extremo, 10 en riesgo alto, 184 en medio, 893 en bajo y 1.755 en ‘no apreciado’.

 

 

En esos casos, la policía en las ciudades de mayor tamaño (Toledo y Talavera en la provincia toledana) y la guardia civil en los pueblos (ambos cuerpos funcionan de modo similar ante la violencia de género) hacen el seguimiento de las víctimas llamándolas con frecuencia y visitándolas. Y según aumenta el riesgo las medidas van incrementándose “hasta llegar a darles protección las 24 horas del día para asegurarnos que la mujer está protegida, sobre todo cuando el presunto agresor que ella ha denunciado no está localizado, que es lo que más nos preocupa, o cuando la mujer no está a buen recaudo, por ejemplo en una casa de acogida o con un familiar, en un lugar seguro que el agresor no conozca”, explica Cristina Ramos, la jefa de la Unidad de Familia y Mujer de la Policía Nacional en la provincia de Toledo.

 

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