Cuando CCOO imaginó Castilla-La Mancha

José-María-Díaz-Ropero,-José-Antonio-Mata-y-José-Luis-Gil, los tres secretarios regionales con que ha contado CCOO de Castilla-La Mancha.

Con 50 votos a favor y una abstención un 9 de enero de 1977 quedaban constituidas en un despacho de abogados laboralistas de la calle Atocha de Madrid la Unión Regional de CCOO de Castilla-La Nueva. Fue un ejercicio de extraordinaria visión política. El antecedente de las CCOO de Castilla-La Mancha, solo que por aquel entonces la expresión Castilla-la Mancha ni siquiera había sido imaginada.

 

 

Existía Castilla-La Nueva, se estudiaba en el colegio y la formaban Madrid, Toledo, Ciudad Real, Cuenca y Guadalajara; pero la Castilla-La Nueva que CCOO fundó sindicalmente no comprendía a Madrid y añadía a Albacete, que por entonces era una provincia que hacía región con Murcia.

 

Fue un acto valiente, la reunión era clandestina puesto que los sindicatos democráticos no estaban legalizados, CCOO lo sería el 24 de abril de ese año, 15 días antes, el 9 de abril, durante la Semana Santa, lo había sido el PCE. Y quince días después de constituirse CCOO de Castilla-La Nueva y en ese mismo despacho de abogados, un comando asesino de ultraderecha mató a sangre fría a 5 personas e hirió a otras 4 que allí trabajaban.

 

Algunos querían una región centro, liderada por Madrid, que tuviera más territorio que Cataluña y más habitantes que Andalucía. Pero nosotros pensábamos que Madrid nos absorbería. No queríamos seguir padeciendo el centralismo madrileño que nos había dejado como terreno de caza y reserva de mano de obra para la industria.

 

Fue valiente también porque los sindicalistas de lo que después sería Castilla-La Mancha reunidos en Madrid dejaban fuera a Madrid, a pesar de que importantes dirigentes de CCOO de Madrid y también del PCE, como Ramón Tamames, se esforzaban, y siguieron haciéndolo años después, porque Madrid formara región con estas provincias.

 

Así lo recuerda el toledano José María Díaz Ropero (Chema) que tuvo una activa participación en la constitución de CCOO de Castilla-La Nueva y posteriormente sería el primer secretario regional de Castilla-La Mancha: “El problema es que determinada gente lo que quería era que Madrid tuviera más territorio que Cataluña y más población que Andalucía. En todos los grupos políticos hubo gente que tenía aquella idea”.

 

Esto no afloraba, sin embargo, en los debates. Había varias ideas para afrontar el futuro autonómico del país, el ya referido y un tercero que recuerda José Antonio Mata, quien también participó activamente en el proceso y sustituiría años después a Díaz Ropero al frente de CCOO Castilla-La Mancha: “Entre los años 73 y 75 se creó un grupo de trabajo que planteaba que Albacete, Murcia, Alicante y Almería se convirtieran en comunidad autónoma. Había gente de Albacete participando en esas reuniones”. Mata señala que lo de que Albacete y Murcia fueran entonces una región era algo que “estaba en los libros de texto. Entonces no se veía con Murcia, había una especie de animadversión de los albaceteños hacia Murcia tanto política como económicamente. Estaba claro que con Murcia no, salvo la zona de Hellín donde algunos ayuntamientos, incluido el de Hellín, votaba a favor de incorporarse a Murcia”.

 

Bono tenía mucha desconfianza con Comisiones, porque nos consideraba el sindicato comunista, y eso era verdad en parte; pero no lo era en otra pues, aunque había muchos comunistas en el sindicato, muchos nos creíamos la autonomía del sindicato y éramos respetuosos con el ámbito político.

 

En relación a los argumentos que manejaban los partidarios de la incorporación de Madrid recuerda el de los que destacaban que “Madrid era un polo industrial, que era la capital de España y que eso iba a irradiar sobre el conjunto de la región. Había quien también defendía que si las zonas rurales eran graneros del voto de la derecha, la zona urbana era del voto de izquierda y que eso podía aportar más votos y consolidarnos como una región de izquierda”. Por el contrario, señala, “nosotros veíamos que si antes éramos las zonas rurales y Madrid la de desarrollo,   ¿en qué iba a cambiar eso? Pensábamos que en nada, en que Madrid nos absorbería”.

 

Para Díaz Ropero aquello “era la manera natural de organizarse. Nuestra prioridad era organizar la provincia como el ámbito desde donde administrar las sinergias. Teníamos una estructura productiva muy débil y entonces eran muy débiles los sindicatos en la empresa y en las ramas. La Unión provincial era nuestra prioridad y desde allí apoyar al resto con los pocos recursos que había en algunas pocas grandes empresas”.

 

A pesar de ello, y viendo como iría la configuración del Estado, dieron el paso siguiente:“que era constituirse a nivel regional. Hicimos aquella reunión, constituimos la Unión Regional, que en realidad tenía más carácter de coordinación que de Unión como se entiende ahora. Elegimos al primer secretario que fue Pedro Ruiz, su origen era de Puertollano, pero había estado exiliado por la represión y lo que ocurrió fue que después con la amnistía laboral se reincorporó a la empresa nacional Calvo Sotelo”.

 

Ruiz, minero e hijo y nieto de mineros y que había nacido el 18 de julio de 1936, fue pues el primer secretario regional de CCOO. Puertollano era la vanguardia del movimiento sindical de estas provincias.

 

En Toledo, junto a algunas zonas rurales de fuerte contenido político, entonces de izquierdas como La Villa, Mora o Santa Cruz, la fuerza sindical provenía de la empresa Estándar Eléctrica de Toledo, aunque pronto se empezó a organizar en Talavera, Sonseca y posteriormente en Villacañas y Fuensalida.

 

En Albacete el sindicalismo tenía su principal campo de actuación en los polígonos de la capital y algunas zonas agrarias, como Madrigueras.

 

Guadalajara tenía una red de empresas medianas muy concentradas, recuerda Díaz Ropero, y Cuenca sindicalmente era un desierto.

 

Así estuvieron hasta que se consolidó el gobierno regional y decidieron consolidar una estructura regional y celebrar el primer congreso de las CCOO de Castilla-La Mancha.

 

Tampoco fue fácil entonces, como recuerda Díaz Ropero. “Con el gobierno teníamos una doble relación, la de la presión pero también la de la negociación. Bono tenía mucha desconfianza con Comisiones, porque nos consideraba el sindicato comunista y eso era verdad en parte, pero no era verdad en otra pues, aunque realmente había muchos comunistas en el sindicato que a veces intentaban instrumentalizarlo y radicalizar de alguna manera los conflictos, estábamos mucha gente que nos creíamos la autonomía del sindicato y que éramos bastante respetuosos con el ámbito político”.

 

Pero eso es otra efeméride. Lo cierto es que, desde entonces acá, CCOO ha seguido como primer sindicato en número de afiliados y en las elecciones sindicales en la región que un día imaginaron ayudaron a crear.

 

José Luis Gil

 

José Luis Gil (León, 1957) ha liderado las CCOO de Castilla-La Mancha desde noviembre de 2004 y dejará esta responsabilidad en abril de este año, cuando el IX Congreso regional del sindicato elija un nuevo secretario general para afrontar los próximos cuatro años.

 

En estos últimos doce años en los que ha estado al frente del sindicato han pasado muchas cosas y se han producido muchos cambios imprevistos en la sociedad, en la política y en la economía de Castilla-La Mancha. ¿Es hoy CCOO más vulnerable que en 2004 o está más fortalecido? ¿Cómo ha resistido el sindicato en este periodo de crisis y transformación?

 

El sindicato ha aguantado con dificultad pero de manera sólida los golpes de los últimos ocho años, pero individualmente la gente se ha hecho más vulnerable, ha sido carne de cañón. La reforma laboral ha triturado salarios y derechos y eso da mayor vulnerabilidad a las personas afectadas.

El sindicato ha tenido dificultades como todo el mundo, pero ha resistido, y eso nos permite hoy pelear o al menos tener la posibilidad de plantear otra manera de ver las cosas y ayudar a que la gente no se resigne sino que pelee. Sin el sindicato no habría pelea, habría resignación y mucha más miseria moral y miseria laboral.

 

Durante la crisis los trabajadores han necesitado a los sindicatos más que nunca, pero al mismo tiempo ha ido disminuyendo la afiliación (ha pasado de los 76.000 afiliados que tenía CCOO en 2008 a los 60.000 actuales) y han perdido recursos económicos, especialmente los públicos, de los que disponían años atrás. ¿Cómo han mantenido el funcionamiento cotidiano?

 

Cuando en provincias como las nuestras se llega a tasas de paro del 28, el 29 y el 30% esto afecta a la afiliación de los trabajadores. Pero creo que el sindicato ha sido capaz de mantenerse bien, la crisis no nos ha frenado. Más daño han hecho las campañas nada inocentes y muy reiteradas contra el hecho sindical, porque los sindicatos de clase éramos los únicos que podíamos hacer frente a las políticas neoliberales dominantes.

Se ha desprestigiado a los sindicatos para intentar que la gente nos diera la espalda. ¿Lo han conseguido? Seguimos vivos, en pie, pero sí han logrado algunos objetivos con los altavoces potentísimos que han utilizado el poder político y el económico. Creo que afortunadamente ya estamos saliendo de esa fase, empezaremos a retomar espacios de consenso, de debate y de avance.

Ha habido una época oscura, muy negra, pero sobre todo para la gente, más que para el sindicato. No han venido a por los sindicatos, sino a por los trabajadores, pero han atacado al instrumento que desde hace más de 40 años tiene la gente para defenderse, reivindicarse y avanzar.

Han intentado, si no domesticarnos que era imposible, sí limitarnos espacios de participación, derechos. Y han conseguido una masa de trabajadores dispuestos a trabajar a cualquier precio y sin capacidad para reivindicar; una clase trabajadora sumisa, ese era el objetivo. Pero la gente debe de ser consciente que uno sólo va a perder siempre, mientras que de manera colectiva, en CCOO o en otro sindicato, tiene la oportunidad de pelearlo.

Porque eso es un sindicato: gente que no se resigna, inconformista, que reivindica sus derechos… Si no nos unimos lo tenemos muy crudo.

 

“SIN ESTE SINDICATO HABRÍA MUCHA MÁS MISERIA LABORAL Y MORAL”

 

¿Cree que el problema de pérdida de capacidad de convocatoria que tienen hoy los sindicatos y de pérdida de afiliación es más un problema coyuntural que estructural? ¿Ve sindicalismo para otros cincuenta años más?

 

Sin duda, es un problema coyuntural. Estoy convencido y de hecho ya estamos teniendo un repunte en la afiliación durante esta incipiente salida de la crisis. Estamos recuperando el espacio que teníamos y que hemos defendido. Es una recuperación lenta, pero va notándose. Ha sido una pesadilla larguísima, con muchas víctimas en el camino, que esperamos recuperar.

 

Las empresas son cada vez más micro, se potencia el fenómeno del emprendimiento, aumenta el número de trabajadores autónomos, la precarización del mercado laboral crea empleos de usar y tirar… ¿Cómo se está adaptando el sindicato a esta nueva realidad?

 

Nuestro tejido productivo siempre ha sido muy endeble, por eso la crisis nos ha golpeado más en Castilla-La Mancha. Tantas veces hemos insistido con los gobiernos y los empresarios que hay que hacer una política de largo plazo para que nuestro tejido industrial sea más sólido… ¿Cómo se adapta el sindicato a esta realidad? Es muy complicado por que los medios son lo que son, es difícil llegar a todos los sitios. Y las empresas donde no hay presencia sindical son una jungla.

Tenemos que ampliar las bases afiliativas y los recursos para llegar a más gente, y eso es lo que hacemos todos los días. Trabajando en miles de empresas, resolviendo los problemas del día a día, aunque eso no se vea. Un trabajo anónimo, discreto y muy firme.

 

CCOO junto a UGT han sido parte activa de muchas de las estrategias y pactos económicos y sociales de Castilla-La Mancha en acuerdos con gobiernos progresistas y la patronal. ¿Entiende y valora la sociedad esta labor de negociación y de acuerdos? ¿Cree que se conoce bien el alcance del trabajo que día a día hace el sindicato?

 

Me gustaría pensar que sí porque es muy importante para Castilla-La Mancha. Cuando se trabaja con el gobierno y la patronal –que no son de los ‘nuestros’- es porque hay objetivos que se deben de abordar por el interés general. Son acuerdos por y para la gente de Castilla-La Mancha, no para beneficio de los sindicatos. Somos el medio, no el fin.

Los datos de la última encuesta del CIS dicen que cerca del 75% de los españoles consideran el paro el mayor problema y un porcentaje similar cree que la situación económica es mala o muy mala. Pero cuando se entra en detalles apenas un 0’1% de la población encuestada entiende que la reforma laboral es un problema, sólo un 2’6% está preocupado por la mala calidad del empleo o por los recortes y un porcentaje similar ve como problema los desahucios…

Ese es nuestro país. Hay elementos muy importantes que bajo mi punto de vista no se valoran de manera conveniente. Por ejemplo la reforma laboral: cuando CCOO y UGT planteamos la huelga general por esta reforma decíamos lo que iba a pasar si salía adelante, y ha pasado, la gente lo ha visto… no quiero que nos den la razón, pero sí quiero que la gente sea consciente de que hay elementos de política económica que tienen efectos muy duros. Seguro que hay miles, millones de personas afectadas por la reforma laboral y además echan pestes de la reforma laboral.

Es tremendo que no se vea que la reforma laboral que ha hecho el Partido Popular es un arma de destrucción masiva de empleo, con millones de trabajadores que se han quedado sin ningún derecho, muchos de ellos jóvenes.

El sindicato no hace milagros, sabemos lo que está pasando y por qué ha pasado, pero tenemos que trabajar juntos también con los afectados para que eso deje de ocurrir. Nos hace falta gente detrás. Con un sindicato con 10 millones de afiliados el PP jamás habría hecho esta reforma laboral.

Sé que estamos en el camino adecuado y no vamos a bajar los brazos porque lo que hemos conseguido en los 40 años que cumple el sindicato se va al garete en cuatro días. Aunque seamos menos de los que deberíamos ser.

 

En los primeros días de abril CCOO Castilla-La Mancha celebrará su IX Congreso. Será su despedida de la secretaría general. ¿Qué destacaría de cada una de las legislaturas que ha liderado desde su elección en noviembre de 2004?

 

La primera, de 2004 a 2008 fue un periodo duro desde el punto de vista interno, porque llegamos a ese congreso con una fractura interna grande y fue muy duro, con compañeros que no compartían mi estrategia y la de mi equipo. CCOO estaba partida y creo que la característica de ese mandato fue la generosidad de la gente para recomponer el sindicato. Fue lo más inteligente y lo más difícil, pero logramos reconstruir las CCOO sin dejar de hacer nuestro papel con los trabajadores y con la sociedad.

La de 2008 a 2012 fue también difícil por otras circunstancias. Empezó la crisis, llegó un Gobierno de derechas y ambas cosas marcaron mucho. La crisis ha castigado mucho a la gente, a nosotros como sindicato también, porque lo que pasa fuera pasa dentro. Perdimos capacidad de reivindicar, en las empresas había miedo y eso nos fue restando capacidad. Había un miedo paralizante a perder empleo y se refugiaban en lo que tenía n aunque fuera poco y de mala calidad. Fue muy complicado.

 

Y en esto llegó Cospedal

 

Sí, el remate fue el ataque del Gobierno de Cospedal contra Castilla-La Mancha. Hoy se pueden ver los efectos devastadores de sus cuatro años de gobierno. En ese escenario optamos por ser coherentes y decir lo que pensábamos y sacarlo a la calle. Hay gente que prefirió ponerse de perfil, pero nosotros no. Tuvimos una relación durísima con el Gobierno pero no me arrepiento de nada, lo volvería a hacer otra vez porque me parece que había que plantar cara a las barbaridades que estaban haciendo a la gente.

Yo creo que nadie duda de que fueron cuatro años durísimos en Castilla-La Mancha, y sin embargo luego Cospedal fue la fuerza política más votada.

Si nosotros, CCOO, nos hubiéramos arrugado en los primeros años de Cospedal ahora estaríamos muertos. La región quedó medio muerta, el sindicato habría caído también. Pero aquí estamos.

 

¿Y ahora?

 

En esta última legislatura, de 2012-2016, han empezado a cambiar algunas cosas. Ahora hablamos con el Gobierno actual y nos respetamos. Destruir se hizo en muy poco tiempo y ahora reconstruir lleva más tiempo, sobre todo en una situación económica que todavía es complicada. Lo primero que hicimos con el nuevo Gobierno fue un plan de empleo, porque el anterior se lo había cargado. Hay gente desahuciada en el mercado laboral. Hay gente que lo ha pasado muy mal, que no tenía que comer, es que los comedores escolares han tenido que abrir en vacaciones para que los niños puedan comer. Eso indica como está la situación y cuáles han sido las prioridades.

 

Desde CCOO se ha hablado y debatido mucho sobre ‘repensar el sindicato’. ¿Las estrategias sindicales de hace 40 años ya no valen? ¿Sigue teniendo sentido un ‘sindicato de clase’ cuando se desdibuja el concepto de clases sociales?

Somos hoy lo mismo que hace sesenta años. La esencia de CCOO es la misma, pero hemos ido adaptándonos al momento en el que operamos. Lo hacemos día a día. ¿Qué ya no hay clases sociales? Claro que las sigue habiendo y se manifiesta de manera palmaria. Los que se empeñan en decir que no hay clases son los que tienen el poder, eso se dice desde una posición de privilegio. Pero claro que hay diferencias, está en disputa el trabajo, la renta, los salarios, los servicios públicos. No todos somos lo mismo.

Quizá hablar de lucha de clases tiene reminiscencias del pasado, pero que hay intereses distintos y que se necesita correlación de fuerzas por supuesto. Las fronteras estarán más difuminadas, pero hoy como hace cincuenta años sigue habiendo capital y trabajadores. En este país y en Castilla-La Mancha hay diferencias notables entre la gente que tiene dificultades para llegar a fin de mes y la que no tiene ningún problema y por eso no le preocupan los servicios sociales, el trabajo de calidad, la pensión…

 

¿La protesta virtual puede sustituir a la protesta real, en la calle?

 

Por supuesto que no. Las redes tienen un poder muy importante y hay que trabajarlas y prestarles atención, pero hay manifestaciones colectivas como el descontento, la reivindicación o incluso la alegría que deben visualizarse en la calle. Así fue antes y así lo seguirá siendo en el futuro. Seguro.