CIEN AÑOS DE AMOR A TOLEDO

2016 será un año especial para Toledo. Entre otros acontecimientos, celebrará 30 años desde que la UNESCO declaró la ciudad como Patrimonio de la Humanidad, un valor que supieron ver y quisieron proteger muchas décadas antes un grupo de “encariñados amantes de Toledo”, fundadores de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo, que cumplirá en 2016 su primer siglo de existencia.

“No se trata de una cosa por hacer, sino de una cosa hecha. En vano, pues, saldrá diciendo ese pesimismo, tan típico como nuestras callejas, que en Toledo no puede ser eso… Una realidad es ya la Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo, semejante a las de Sevilla, Córdoba, Barcelona, Zaragoza… Surgió la iniciativa de un grupo de artistas que todos los domingos, por la tarde, se reúnen en la Escuela de Artes para cambiar impresiones sobre las necesidades locales de orden artístico. Algo más que hablar hacen, y no podrán desmentirlo las restauraciones de los templos de San Sebastián y San Lucas, de la Puerta de Doce Cantos…”; así comenzaba la crónica que, el 14 de junio de 1916, el periódico toledano El Castellano dedicaba a la constitución de la Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas (apenas un año después, en noviembre de 1917, conseguiría el título de Real otorgado por Alfonso XIII, quien se nombró a sí mismo Académico Protector).

ACADÉMICOS 1916

La misión que se encomendaron los fundadores -un activo grupo de doce intelectuales y artistas que se definían como “encariñados amantes de Toledo”- fue la de “estudiar, ilustrar y divulgar el arte y la historia de Toledo”.

Y lo hicieron con pasión y tesón. Capitaneados por su primer director, Rafael Ramírez de Arellano, los 21 académicos numerarios se anotaron entre sus primeros logros la declaración como monumento nacional, en 1922, de la que ya era su sede, la Casa de Mesa,  una joya del patrimonio arquitectónico toledano (de la que se valora especialmente “su suntuoso salón de arte mudéjar”). En esta vivienda habitaron ilustres personajes a lo largo de los siglos, incluso dio posada a Santa Teresa de Jesús.

Pero su inquilino más longevo ha sido, sin duda, la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo (RABACHT): 97 fructíferos años. No hubieran querido los académicos abandonarla, pero la familia Mesa, propietaria de la casa, ha aprovechado el fin de las rentas antiguas para disponer de ella libremente.

“Ha sido muy triste tener que dejar la Casa de Mesa, pero hay que mirar al futuro”, dice con determinación el nuevo director de la RABACHT, el compositor toledano Roberto  Jiménez Silva. Un hombre “del siglo XXVII”, como se define él mismo bromeando, que asume desde hace unos meses el reto de impulsar y renovar la centenaria Academia. “Siento un gran respeto por el pasado, no soy un rompedor ni amigo de hacer borrón y cuenta nueva, nos confiesa Jiménez Silva; pero tampoco hay que quedarse estancado en el pasado. Vamos a mirar hacia adelante y creo que el cambio de sede y la celebración del centenario serán un gran revulsivo, no sólo para nuestra academia, también para la ciudad”.

Con esta determinación, los 25 académicos numerarios se familiarizan con su nueva casa, el número 20 de la calle de La Plata, que hasta hace poco era la sede de la Sindicatura de Cuentas, un edificio que les ha cedido la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha por veinte años. En él hay mucho ajetreo estos días de mudanza. En 2016 abrirá sus puertas al público para dar a conocer la institución, como parte de las actividades del centenario.

 

“El espíritu de defensa de la cultura y el patrimonio que tuvieron los fundadores ha permanecido a lo largo de estos 100 años. Y ese escepticismo de los toledanos al que hace referencia la crónica de El Castellano sigue en la actualidad. Es tiempo de imponer a la ciudad una nueva motivación, seguir hablando desde la Academia, que debe fortalecerse, entrar en otro modelo y afrontar el futuro con nuevos retos”, explica con  pasión Jiménez Silva.  “Viendo todas las mociones, informes y trabajos que han realizado los académicos en estos 100 años te das cuenta de que la Academia ha sido clave en la historia de la ciudad, haciendo oir su voz, implicándose mucho en la defensa del patrimonio (como lo hizo durante el proceso de la Vega Baja). Ha sido un constante altavoz en esta ciudad. Creemos que somos útiles a la sociedad”.

Los últimos tiempos no han sido fáciles para la RABACHT. “Ha pasado por una gran crisis, como todo el mundo, pero no vamos a lamentarnos porque lo interesante es poder seguir hablando de futuro”, sostiene Jiménez Silva, que en estos días conversa con diferentes administraciones, empresas y organismos para avanzarles los proyectos del centenario. Y para buscar financiación.

En el periodo anterior a la constitución de la Autonomía de Castilla-La Mancha, la Real Academia de Toledo se financiaba, como todas las demás, a través de fondos públicos del Estado. Después, la Junta de Comunidades no asumió ese gasto (desde la Academia no se sabe porqué). “Ahora tenemos tres posibles fuentes de financiación, explica el nuevo director. Por un lado, las donaciones, por otro las aportaciones de patrocinadores y la tercera posibilidad son las cuotas de los académicos. Pero las cuotas no pueden ser obligatorias, porque se trata de una institución sin ánimo de lucro, aunque los académicos sí pueden hacer donaciones de manera voluntaria, de hecho se ha hecho así esporádicamente, cada uno ha dado lo que ha podido para mitigar la crisis económica. Mi intención es que podamos institucionalizar la donación anual de los 25 académicos numerarios y lograr patrocinadores. No necesitamos millones de euros para sobrevivir, pero sí un presupuesto mínimo, que va a redundar en la ciudad, en la provincia y en toda la Comunidad”.

 

¿Qué patrimonio ha atesorado en estos cien años la Academia?

“No tiene la Academia tanto patrimonio como pudiera parecer, nos responde a esta curiosidad Roberto Jiménez Silva.  Es verdad que cada académico que entra tiene dos opciones: o discurso –que no es habitual en las Bellas Artes- o dona una de sus obra. En mi caso, puedo decir que hice las dos cosas: un discurso  y una composición musical sinestésica que presenté en el salón de Mesa. (Jiménez Silva es considerado uno de los artistas más destacados por su creación de Música Sinestésica, la que se percibe también por  la vista, el tacto, el gusto o el olfato).

Sí tiene la Academia cuadros interesantes, donados por Guerrero Malagón, Tomás Camarero, Vicente Cutanda (uno de los 12 académicos fundadores), etc. De hecho, en una de las salas de nuestra nueva sede vamos a tener una exposición con los retratos de la Galería de directores, y al lado, en el salón del pleno, habrá otra pequeña pinacoteca donde exhibiremos los cuadros donados por los académicos y otra pequeña con la obra de Ramírez de Arellano, que fue el primer director de la Academia”.

La RABACHT cuenta con muy buenos fondos bibliotecarios datados desde el siglo XVII, “especialmente valiosos para conocer la historia de Toledo, apunta el director. Y hay algo mucho más interesante, que son las colecciones de las revistas hispanoamericanas, de las que tenemos un gran fondo para los estudiosos. El archivo, que estaba como podía en la Casa de Mesa, ahora tendrá una sala propia, que está organizando nuestro técnico archivero Miguel Vozmediano, académico numerario”.

Para dar testimonio de los trabajos y estudios de investigación realizados por los académicos durante estos cien años, la Academia conserva su colección de la revista Toletum, un anuario que se elabora con las aportaciones de los académicos desde el año 1918, en el que está datado el primer número.

Y es que aunque la Academia se dividió desde sus orígenes en tres secciones: Ciencias Históricas, Artes Líberas y Artes Industriales, ha sido mayor el peso de la primeras que de las otras dos, aunque de todo ha habido en estas diez décadas. Tantos, que Jiménez Silva prefiere no destacar nombres, para darles a todos ellos la importancia que merecen.

La Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo se enfrenta hoy a su futuro, como en su día cien años atrás, hicieron con valor y entusiasmo sus fundadores. Aquí quedan las palabras con las que su primer director, Rafael Ramírez de Arellano, finalizaba su discurso en 1917: “Lo que da valor a nuestra Academia es el alma de Toledo, el ambiente artístico, la estructura especial, la idealidad, en fin, de Toledo; ese espíritu de misterio que persiguieron Zorrilla y Bécquer, y tantos otros románticos y poetas que recorrían y aún recorren de noche las misteriosas encrucijadas y los sombríos cobertizos… Ese espíritu poético con el que no acabarán los tiempos presentes, asaz prosaicos, y que vivirá tanto como Toledo exista. A conservar ese espíritu toledano, a estudiar su pasado y a encauzar artísticamente su porvenir, ha venido la Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas. He dicho.”

ACADÉMICOS DE AYER Y DE HOY: HISTORIADORES, PINTORES, ARTESANOS,

ESCULTORES, COMPOSITORES, ARQUITECTOS…

Rosalina Aguado Gómez, historiadora especializada en Arte y miembro de una conocida familia de ceramistas, es la última incorporación a la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo, y una de las dos únicas mujeres académicas numerarias de esta institución en la actualidad. La otra es la pintora Dalila del Valle. En realidad, en sus casi cien años de historia pocas mujeres se han sentado en esta Academia. Hubo que esperar al año 1970 para que nombraran a la primera, Matilde Revuelta, directora del Museo de Santa Cruz. Ese mismo año se nombró académica numeraria a la segunda mujer, Julia Méndez, bibliotecaria. En 1976 se incorporó Esperanza Pedraza, archivera municipal, y pasaron casi 30 años para que entrara otra mujer,  Victoria de Ancos, profesora de canto, incorporada en 2005.

Además de las mujeres ya citadas, son académicos numerarios Luis Alba (referente del turismo en la ciudad), Mario Arellano (artesano), Jesús Carrobles (arqueología) , Jaime Colomina (Filosofía y Teología), Fernando Dorado (pintor), Ángel Fernández Collado, (historiador), Juan José Fernández (Literatura y Filología), Francisco Fernández (Teólogo), Miguel Gómez Vozmediano (Historia Moderna. Archivero), Juan José Gómez-Luengo (arquitecto), Ramón Gonzálvez (historiador eclesiástico), José Luis Isabel (militar, investigador), Ricardo Izquierdo (historiador medievalista), Roberto Jiménez Silva (compositor), Ventura Leblic (Genealogía, Heráldica y Derecho Nobiliario), Julio Martín de Vidales (escultor), Julio Manuel Porres de Mateo (Historia Moderna), Ramón Sánchez (Historia Moderna),  Juan Sánchez (Historia Moderna), Guillermo Santacruz (arquitecto), Santiago Sastre (escritor) y Félix del Valle (Bellas Artes; artesano). Junto a ellos, cuatro académicos honorarios y más de 300 académicos correspondientes repartidos por toda la geografía.

En estos cien años ha sido mayor el peso de la investigación y las ciencias históricas que el de las bellas artes.