Cien años con Antonio Buero Vallejo

El 29 de septiembre de 1916 -van a cumplirse justo ahora 100 años- nació en Guadalajara Antonio Buero Vallejo, probablemente el dramaturgo español más importante de la segunda mitad del siglo XX.

Imagen del dramaturgo, de la Biblioteca Nacional.

Imagen del dramaturgo, de la
Biblioteca Nacional.

 

Buero murió en Madrid en abril de 2000 y probablemente desde entonces se hable un poco menos de él. Por eso algunas instituciones, las de Guadalajara desde luego, pero también las de Castilla-La Mancha (por ejemplo la Biblioteca de Toledo que lleva este nombre) van a recordarlo en estas semanas con diversos actos y exposiciones. La idea central del teatro de Buero, de todas sus obras (de aquellas que tuvieron éxito inmediato, y de aquellas otras a las que se resistió algo más el aplauso) fue “iluminar un mundo oscurecido por la mentira, despertar las conciencias adormecidas por el engaño a los ojos ejercido sobre los humanos por unos mecanismos que intentan resguardar el poder y a los poderosos a costa de ocultar la podredumbre bajo un bello paisaje”.

 

Son palabras de dos grandes críticos del teatro español contemporáneo, Virtudes Serrano y Mariano de Paco, que han trabajado y estudiado en concreto la obra del autor alcarreño. El teatro de Buero Vallejo es trágico, en la mayoría de ocasiones, pero también es un teatro que llama a la esperanza; no tanto a la esperanza en unas ideas concretas, en unos horizontes determinados, sino a la esperanza en el ser humano, aunque mucha veces esa misma esperanza esté teñida de la ambigüedad y de las contradicciones de todas las realidades fabricadas por los humanos.

 

Buero Vallejo realizó, en sus primeros años, un teatro de abierta denuncia y confrontación con el régimen franquista, entre otras razones debido a la propia militancia republicana y comunista del autor durante la Guerra Civil. Luego, ya en sus últimos años, llevó su crítica a temas más generales y existenciales.

 

 

Como señala otro gran crítico teatral, José Monleón, que también nos ha dejado en este último verano: “Las tragedias de Buero expresarían la esperanza, a pesar de su pesimismo; es decir, conciliarían el sentimiento trágico con la solicitud de una respuesta moral y política que no falsee la realidad”.

 

Buero Vallejo fue un verdadero creador; un artista total, que conocía e indagó en la historia de España, para descifrar algunas claves de nuestro presente; un hombre ético, que no se conformaba con respuestas fáciles y estereotipadas, sino que intentaba iluminar las contradicciones inherentes a la naturaleza humana; un gran artista que supo con su dramaturgia, con su sentido de la palabra y la tensión escénica, tocar las fibras sensibles del espectador (o el lector) dándole elementos para reflexionar sobre su propia vida.

 

Un autor entero, un autor dramático que supo vincularse con la mejor tradición teatral de nuestro Siglo de Oro, pero que tuvo la osadía de no agotarse en esta sola fórmula, sino que indagó y creó nuevas formas expresivas en sus sucesivos periodos creativos, para formar una obra dinámica, abierta, en permanente renovación.

 

Como con cualquier autor, lo verdaderamente importante es que su obra no desaparezca, que su memoria no sea arrastrada por el viento de la Historia. Por eso es positivo que se le recuerde ahora, con motivo de su centenario y, sobre todo, que sus obras sigan estrenándose y viéndose en los escenarios de cualquier lugar de España.

 

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