Cascarón de nuez

La sociedad moderna se ha configurado como una gran facilitadora de bienes y servicios para el ser humano, cierto es que, a veces, con un costo tan alto que es mejor no profundizar en ello para no llevarnos las manos a la cabeza. Somos capaces de pagar 10 veces más para que nos laven y separen las hojas de la lechuga en una bolsa, que por la lechuga en sí misma.

 

Esa interminable cadena de servicios intangibles con los que envolvemos nuestras necesidades diarias es lo que mantiene engrasada la maquinaria de nuestra sociedad capitalista. Y en ese conglomerado de intereses nos insertamos cada uno de nosotros, en busca de nuestro desarrollo personal y profesional.

 

Nos levantamos cada día y ya tenemos prefijado lo que vamos a hacer en las próximas horas, con el convencimiento de que jugamos un papel relevante para la sociedad; y así los millones de seres que poblamos el planeta. El destino, o la providencia, nos ha ido ubicando donde estamos, sin que, en muchos casos, hayamos podido replantearnos nuestro papel en este gran teatro del mundo.

 

 

Y si todo se detuviera un instante, aunque solo fuera para poder reflexionar sobre si vamos en la dirección y sentido correctos, este entramado se vendría abajo, como la bicicleta cuando dejamos de pedalear. Pero más aún, aunque tengamos certeza de nuestra insignificante pequeñez, no deja de enorgullecernos el que nuestro entorno nos considere mínimamente importantes, lo cual retroalimenta nuestra autoestima justificando así nuestra existencia, que no es poco.

 

Y los días y los años se suceden y nuestra vida adquiere una cadencia monótona, pasando las hojas del calendario a una velocidad vertiginosa. En pocas ocasiones tenemos la posibilidad de dar grandes giros a nuestro destino y, de tenerlos, nos puede entrar un cierto vértigo al cambio por miedo a lo desconocido. Pero la sensación de calma chicha es generalmente ficticia.

 

No es malo ser pequeño y aparentemente poco trascendente, probablemente porque solo así llegamos a valorar a todos los demás seres pequeños e intrascendentes que nos rodean

 

Si por un momento pudiéramos ver nuestra vida desde arriba, como si nos hicieran un reportaje con un dron, tan de moda, rápidamente desapareceríamos como un cascarón de nuez en el mar: como cuando jugamos con Google Maps, recorriendo el mundo sin más que deslizar los dedos por la pantalla.

 

Me acuerdo de pequeño jugando a los barquitos con cáscaras de nuez que dejaba flotar en el río del pueblo donde veraneaba con mis padres, hasta que la corriente se los llevaba aguas abajo, pensando que, como diría el poeta Jorge Manrique: “Irían a dar a la mar”. A veces pienso que los seres humanos somos cáscaras de nuez intentando seguir a flote en un mundo lleno de vicisitudes y amenazas de tormenta.

 

Me imagino la gesta de las carabelas de Cristóbal Colón, que no dejaban de ser tres cáscaras de nuez en la Mar Océana, en busca de un Nuevo Mundo, pero que, en su pequeñez, cambiaron la Historia. No es malo ser pequeño y aparentemente poco trascendente, probablemente porque solo así llegamos a valorar a todos los demás seres pequeños e intrascendentes que nos rodean.

 

También porque, casi todos los que se consideran importantes, son seres mediocres que se aprovechan de los demás y ocultan su mediocridad en el inexistente traje del emperador. La poca gente de valía excepcional que he conocido a lo largo de la vida ha sido gente sencilla, curiosa, y humilde. El conocimiento solo te abre interrogantes y te fuerza a buscar en los demás todas aquellas virtudes de las que carecemos nosotros.

 

Y esa unión, imperceptible, es lo que nos hace realmente fuertes y, por ser distintos, nos hace más dúctiles, flexibles y capaces de poder afrontar con éxito las tormentas de la vida. La cáscara de nuez oculta no solo un alimento natural «casi perfecto» por su alto nivel de y proteínas y antioxidantes, sino que además se asemeja, como pocas cosas, al cerebro humano: ¿Jugamos a los barquitos?, estoy seguro de que el cascarón no se hunde. . .

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Pedro Antonio Morejón

Director ICEX Castilla-La Mancha
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