Cascando sobre el casco

Ahora que se celebran los treinta años de la declaración de Toledo como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco quizá conviene hacer algunas reflexiones. Lo ideal es que el casco fuera un lugar bien conservado y protegido, tuviera población, que apareciera como un sitio apetecible para vivir y disfrutar, con sus servicios. Pero si esto sigue así, al final se convertirá en un desangelado parque temático pensado para los turistas.

 

A mí me preocupa la despoblación del casco. Es verdad que el Consorcio invierte en ayudas para la rehabilitación de casas, pero algo falla cuando la desbandada o la sangría aumenta año a año. Quizá haya que vigilar más que las ayudas se concedan a casas que lo necesiten y, sobre todo, que sean habitadas de verdad. Y controlar más ese negocio paralelo de los apartamentos turísticos (haberlos haylos) con vistas a sacar tajada de espaldas a la ley. En el apartado del despoblamiento habría que incluir el de los conventos, sobre todo pensando en su uso si pasan a manos privadas (como ha sucedido ya con uno) y el destino de los valiosos fondos artísticos que hay en su interior.

 

 

De la ordenación museística de la ciudad poco tengo que decir, pues hace tiempo que perdí la esperanza de un cambio que me parece necesario. Toledo ganaría muchísimo turismo si tuviera un gran museo nacional del Greco (en el Museo de santa Cruz y santa Fe) y un centro de interpretación de la cultura judía (en el museo Sefardí en conexión con el museo del Greco), pero parece que los intereses de unos pocos siempre están por encima y se privilegia el conservadurismo del no meneallo. Frente a la dispersión yo prefiero la concentración; frente a muchos museos de chichinabo me inclino por pocos pero buenos. Incluso faltan museos: uno sobre la historia de la ciudad (podría ser en San Marcos) y otro sobre la historia de la pintura en Toledo.

 

Es verdad que el Consorcio invierte en ayudas para la rehabilitación de casas, pero algo falla cuando la desbandada o la sangría aumenta año a año. Quizá habría que vigilar más a quien se conceden.

 

Sobre la hostelería y los negocios habría mucho de qué hablar. No se cumple la normativa sobre los rótulos y las calles son devoradas por sillas y terrazas de los bares. El servicio que prestan podría mejorar. Ya somos muchos los que damos nuestra opinión sobre el trato de los bares en las redes sociales y los turistas se enteran dónde es mejor comer y tapear y dónde no, dónde te engañan o abusan y dónde te ofrecen un servicio de calidad como Dios manda. Ojalá la hostelería se implicase más en su apoyo a la abundante oferta cultural que hay (también aportando dinero, claro que sí, porque por eso se benefician de esas actividades).

 

Ahora se debate sobre el tema de la basura. Es horroroso ver las bolsas en las puertas, en la calle, y contemplar cómo se recogen a plena luz del día, ¡con lo que se paga por la basura…! Es difícil resolver este problema con una solución que contente a todos. Pienso que habría que habilitar algunos locales para almacenar la basura, que fueran de uso público y privado. ¿Y las personas que no pudieran llevar la basura hasta allí? Pues habría que facilitar esa recogida de un modo más personal (y a unos horarios concretos que se cumplieran a rajatabla). Yo estoy en contra de los contenedores (aunque se recubran), que afean y son nidos de suciedad y ratas. Por cierto, habría que pensar en revisar el mobiliario urbano (papeleras –hay que cuidar dónde se ponen, desde luego que no en un sillar de la catedral-, bancos, etc… No sé si hay un inventario sobre esto).

 

Y una última cosa: potenciar el asociacionismo. No se trata sólo de favorecer la colaboración ciudadana, como hace muy bien el Ayuntamiento, sino de cuidar las asociaciones existentes. Son muy importantes para nuestro tejido social y cultural. Hay alguna que debería de ser mimada con especial esmero, pienso en concreto en la de los amigos de los patios, porque es algo muy importante de la estructura arquitectónica de nuestro casco y que atrae mucho turismo (¿se imaginan un corpus sin ver los patios?).

 

Y en el Ateneo, que cuenta con bastantes socios y organiza muchísimos actos culturales. No puede ser que a las asociaciones se les deje un local como sede y luego se las abandone poniéndoles muchas exigencias (el problema de cómo afrontar los gastos de esos locales). Una ciudad sin asociacionismo es una ciudad muerta. Siempre he destacado el meritorio trabajo de la asociación Iniciativa Ciudadana que lleva muchos años partiéndose el pecho luchando por el bien del casco y de los toledanos.

 

El treinta aniversario de Toledo como patrimonio universal debe ser una ocasión para reflexionar sobre el casco histórico, qué cambios necesita y cómo mejorarlo para el futuro. Es importante debatir y encontrar luz para buscar lo mejor para el bien de nuestra ciudad y de los toledanos (de ahora y del futuro). Pero es algo que afecta a todos. De nosotros depende sacar brillo a esa distinción de ser patrimonio no de unos pocos, sino nada menos que de la Humanidad.

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Santiago Sastre
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