Así han llegado a Cannes Carlos y Roberto Valle

Lo suyo es pasión por el cine desde niños. Han estudiado y han trabajado duro. En mayo los dos jovencísimos cineastas de Consuegra estarán en Cannes con su exitoso primer corto.

 

Carlos y Roberto Valle con la silla que les ha hecho famosos.

Carlos y Roberto Valle con la silla que les ha hecho famosos.

Llegan a la entrevista impecables, puntuales, como dos chicos aplicados a quienes les gusta tener todo bajo control. Con la pequeña silla de su tía-abuela Carmen que les ha hecho famosos. Son amables y discretos, pausados, nada presuntuosos y sorprende al escucharles la confianza que Carlos, 25 años, y su hermano Roberto, 21 recién cumplidos, muestran en sí mismos, pese al desconcierto inevitable, eso sí, que les ha suscitado el éxito de su primer corto ‘La Silla Vacía’ tras pasar por 20 festivales (algunos internacionales), ganar 5 premios y estar a punto de exhibirse en la sección Short Film Corner de la 69 edición del Festival de Cannes (entre el 11 y el 22 de mayo).

 

“La verdad es que estos últimos meses las cosas que nos están pasando son difíciles de creer, no solo por los festivales si no por las personas que estamos conociendo y con las que estamos trabajando”, dice el mayor. “Creo que lo que más nos puede diferenciar es el hecho de decir: ¡Vamos! Y vamos tanto que nos pasamos de ir. No tenemos miedo, somos positivos, estamos motivados, simplemente pasamos a la acción, que es una frase que me gusta mucho. Confiamos en esto y siempre decimos que pase lo que pase la felicidad está en el propio camino y no en la meta. Nosotros ya somos felices haciendo cine”.

 

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El cine, hacer cine les apasiona desde niños, tanto que lo convirtieron en su entretenimiento. “Cuando teníamos 11 y 16 años mis padres nos regalaron una cámara de video y empezamos a grabar escenas de películas que nos gustaban. Tenemos un fragmento muy chulo de El Padrino, en el que Roberto se puso algodoncitos en la boca para parecerse a Marlon Brando. Lo hacía muy bien, yo creo que podría ser también muy buen actor si quisiera”.

Interviene Roberto: “Nos grabábamos jugando al fútbol y haciendo mil cosas y luego nos íbamos al ordenador para editarlo. Nos divertía mucho. Hay una grabación de la que nos reímos ahora en la que se escucha a nuestros padres decirnos que nos querían estudiando, estando en lo que teníamos que estar y no grabando todo el día”.

 

Pero nunca dejaron la cámara. “Me fui a estudiar Bellas Artes a Cuenca porque allí tenían muchas más asignaturas de cine, que era lo que me interesaba”, cuenta Carlos. Roberto tuvo que peleárselo más: “Mi madre no me dejo ir a Toledo a estudiar el Bachillerato de Artes. Decía que si las artes, las artes… Así que hice el de Humanidades en Consuegra y cuando terminé, otra vez en casa insistieron en que me dejara de cine e hiciera otra cosa con más salidas”.

 

No acabó ni el primer curso de filología inglesa. “No aguantaba algo que no fuera cine y ese mismo curso me matriculé en la escuela Septima Ars de Madrid para hacer un curso de guión. El cine es algo que los dos llevamos dentro”. Sus padres están ahora felices con sus éxitos. “Mi padre nos ayuda a buscar lo que necesitamos para las grabaciones y si les pedimos algo van de cabeza. Casi son el tercero y el cuarto de la productora”, señala Carlos.

 

Carlos Valle con la abuela María, encantada con el éxito de sus nietos.

Carlos Valle con la abuela María, encantada con el éxito de sus nietos.

 

Porque estos veinteañeros tienen ya su propia marca: Auntie Films, con nombre inglés pensando ya en grandes proyectos, incluido “crear unos grandes estudios de cine en Consuegra. Sería mi sueño”, dice Carlos. ‘Tía’ significa cariñosamente el nombre elegido para la productora, directamente relacionado con la proyección que les ha llevado a Cannes.

 

Carlos comenzó a rodar su primer corto,‘La Silla Vacia’ , en su último curso de carrera, en 2012, con los medios que le dejó la Universidad y el foco que le prestó una compañera. “Mi profesor José Ramón Álcala me decía que tenía que olvidarme de las presiones, simplemente grabar lo que me saliera, dejar fluir las cosas. Y entonces me fije en el caso de mi abuela y de mi tía-abuela, que era la típica viejecita bajita con pañuelo que se movía arrastrando una silla de madera. Eran dos ancianitas que llevaban toda la vida juntas. Me llamaban mucho la atención todos sus detalles, hasta la forma en la que recogían las migas de la mesa… Eran microhistorias. Me parecía muy interesante cómo se apoyaban, seguían adelante y sonriendo a pesar de las dificultades. Con los primeros bocetos que grabé para clase la gente se quedó alucinada y seguí grabando más y más, ya con una cámara profesional los planos definitivos”.

 

El proyecto no se terminó hasta el año pasado por falta de medios. Y ya con la participación de Roberto y el apoyo del compositor Francisco Torralba, del conservatorio Pedro Aranaz de Cuenca “y otras muchas personas a quienes les ha seducido la historia y han confiado en ella desinteresadamente pensando que podía llegar lejos”. Y acertaron. El corto empezó participando con éxito en los festivales de los pueblos próximos de Villacañas o Tembleque, luego en certámenes de Toledo, Ciudad Real y Albacete, de Jaén o Palma de Mallorca.

 

Y de ahí llegó al prestigioso festival griego de cine documental de Tesalónica, a tres festivales italianos, incluido el famoso de Trieste o el Ca’Foscari de Venecia donde consiguió un premio; al francés de Marsella, a Rumania, Eslovenia o Hungría. “En Europa del este está teniendo mucho éxito. Creo que fuera de aquí se ve como una historia muy exótica”, señala Carlos. “En el cine lo mejor que te puede pasar es que te seleccionen para festivales porque son un escaparate y te dan opción a ganar un premio y promocionarte. Pero dices: ¡Madre mía!, ¿cómo podemos estar seleccionados o ganar con este corto tan humilde? ”.

 

La tía Carmen ya ha muerto; la abuela María está encantada con el éxito de sus nietos. “Cuando le contamos que vamos a otro festival nos dice: si lo hubiera sabido me hubiera arreglado más, que ahora me están viendo por todas partes. Está muy contenta”, dice Roberto. Y mientras disfrutan del éxito, trabajan ya en tres nuevos proyectos: ‘Entre cielo y agua’, un documental sobre las inundaciones que asolaron Consuegra hace 125 años. “Va a ser lo más ambicioso que hemos hecho hasta ahora”, anuncian.

En ‘Segundito’, un corto de animación que estrenarán a finales de abril, “un chiste visual” para el que han contado con la voz de Alicia LaOrden, una de las actrices de doblaje más reconocidas; y en ‘Hombres de campo’, un corto de ficción en el que empezaron a trabajar hace un par de años y que ahora están terminando de editar.

 

Los hermanos Valle, que se dedican en exclusiva al cine, viven en Consuegra, su pueblo. Cuentan que se han hecho con el antiguo cuarto de la plancha de su madre y allí han montado su estudio. Entre ordenadores, fotos y autógrafos de cineastas que admiran y han podido conocer, como Almodóvar, Elijaj Wood o Lucas Vidal, de sus premios y recuerdos de sus rodajes, crean y editan sus historias.

 

“Tienes que rodearte de aquello que te recuerde lo que quieres ser, de cosas que te inspiren”, dice Carlos. A él le gusta el cine de Steven Spielberg. “Cuando veía a Indiana Jones de pequeño pensaba que lo que quería hacer era un película como esa”. Y entre sus más admirados también Billy Wilder, Andréi Tarkovski o Wooddy Allen. Roberto admira a Stanley Kubrick (‘2001: Una Odisea en el Espacio’ es su película preferida), la animación de Hayao Miyazaki y el cine de Terrence Malick.

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