CARA A CATALUÑA

Solventada de manera poco airosa la elección en primarias del candidato de Podemos a la Junta de Comunidades a favor de José García Molina. Podemos no ha conseguido dar respuesta satisfactoria a ninguna de las quejas que planteó antes, durante y después del proceso el parlamentario David Llorente, rival de García Molina en esas primarias. Probablemente la faena quede rematada con el acuerdo con IU que llevará al secretario regional de esta formación, Juan Ramón Crespo, a encabezar Guadalajara en detrimento de Llorente. Medida más que arriesgada para conservar el diputado por lo que de desunión implicaría.

 

El proceso ha sido tan extraño que hasta la diputada por Guadalajara del PP, Ana Guarinos, se permitió afeárselo a Podemos. Olvidó que en las primarias regionales de su partido fue su compañero parlamentario y alcalde de Seseña, Carlos Velázquez, quien denunció las presiones que recibía para retirar su candidatura en favor de Francisco Núñez, el nombre elegido en una comida en el parador de Toledo entre los presidentes provinciales del PP, entre los que está la propia Guarinos, Vicente Tirado y María Dolores de Cospedal. El PSOE ya tenía candidato, fue el primero, el presidente del Gobierno García Page, ahí no hubo discusión. Quedaba pues, antes de que se celebraran las elecciones andaluzas, la incógnita del de Ciudadanos. Ahora interesa también saber quien presentará Vox.

 

José Bono mantuvo una comida en el parador de Toledo con Albert Rivera e Inés Arrimadas

 

Y volvemos al Parador de Turismo y a otra comida, también celebrada hace unas semanas. En esta ocasión los comensales eran José Bono, Inés Arrimadas y Albert Rivera. El motivo, me cuentan desde Ciudadanos, era pedir ayuda a Bono para encontrar un candidato en la región que les ayude a sumar. Tiempo atrás habían intentado el fichaje del propio José Bono, animados por las palabras de admiración que su hijo, también llamado José Bono, pronunció en su día sobre Albert Rivera. Bono les dijo que siempre había sido socialista y que así seguiría siendo hasta el final. Lo cierto es que el intento de Rivera y Arrimadas fue sumamente hábil. Si yo fuera el PSOE, en los tiempos que corren y con las sensibilidades que se han disparado, también ofrecería a Bono encabezar alguna de las candidaturas de la región y le ofrecería una mayor visibilidad. No sé si aceptaría o prefiere seguir actuando políticamente desde las sombras; pero si fuera el PSOE, se lo propondría.

 

Y es que en Andalucía se ha visto que el mensaje españolista radical ha calado en una amplia capa de la población, incluidos votantes socialistas. No es precisamente al PSOE andaluz, como tampoco al PSOE de Castilla-La Mancha, a quien se le pueda acusar de tibieza en esa materia. Sin embargo ha padecido sus consecuencias y otros partidos, Vox y Ciudadanos, han crecido montados casi exclusivamente en esa moto. No así el PP por más que una inteligente campaña esté convirtiendo una sonora derrota en Andalucía en una victoria. Los hechos son tozudos y el PP, que allí no tenía desgaste alguno por gobernar, ha perdido casi tantos votos como el PSOE, proporcionalmente incluso más que los socialistas. El PSOE ha perdido el 28,5% de su electorado y el PP el 29,7% del suyo.

 

Tanto miran al vecino que corren el riesgo de creerse su propia propaganda y no analizar los datos verdaderos, lo que puede llevarlos a algunas equivocaciones. La primera pensar que han consolidado un liderazgo. Algunos en el partido no lo ven así, pero puede más el ruido de los que apuntalan a los nuevos dirigentes con victorias virtuales. El presidente García Page, pensando en las próximas elecciones, busca que la política regional se centre en los asuntos que afectan directamente a los ciudadanos. Aunque es de los que llevan la bandera de España en la muñeca y el tema catalán le enfrentó a Pedro Sánchez, igual le ocurrió a Susana Díaz y de poco le ha servido, sabe que el populismo de los partidos de derechas en esta cuestión capitalizan mucho mejor.

 

El mensaje patriotero de los separatistas catalanes ha escorado al resto del país en esa dirección tanto como lo han hecho ellos mismos. Cada cual agarrado a su propia bandera y con las mismas intenciones, que en este momento no son precisamente las de entenderse. Quienes si juegan esta baza son tachados poco menos que de traidores. Y es la que va a seguir centrando la actividad política nacional, pero también regional. Ocurrió en el último pleno de las Cortes de noviembre, donde el PP llevó un debate sobre la Constitución; pero fue sobre Cataluña de lo que se habló, de supuestos indultos a condenas que no se han puesto o de implantar el artículo 155 ya en esa comunidad. No lo va a poder evitar García Page por mucho que hable de que en Castilla-La Mancha la gente se focalizará “en los problemas de la gente y en la centralidad”.