Blanco y negro

Ninguna connotación racista, querido lector. Sólo una breve reflexión sobre lo esencial y superfluo de la vida. Seguramente tendrá usted una televisión razonablemente sofisticada, una flamante “Smart TV”, un móvil más sofisticado aún, con un montón de gigabits y con un objetivo lleno de megapíxels, por no decir que, si le gusta la fotografía, disponga de una cámara réflex o automática con innumerables ajustes y formas de conexión.

 

Pero, a que ni siquiera se ha planteado elegir la opción de “blanco y negro” a la hora de utilizarlos. El color nos fascina, las aplicaciones de tratamiento audiovisual pueden transformar una piel arrugada e imperfecta, en la de una top model de revista. El formato HDR, High Dynamic Range, resalta los colores hasta un límite sólo conocido hasta ahora por los profesionales de la fotografía; etc, etc., vanidad de vanidades.

 

Hace unos meses, quizás por error, o porque me encanta trastear con la cámara, elegí la opción de hacer las fotos en blanco y negro y, ¡oh sorpresa!, el resultado fue espectacular. De pronto el objetivo me había descubierto la esencia de la persona que fotografié. Es como si, los colores, los detalles y efectos cromáticos que nos rodean nos enmascarasen lo que somos realmente.

 

Cuando se las enseñé a mi hija, objeto de la prueba, se quedó helada: cómo unas vetustas fotos en blanco y negro habían salido tan bien; me atrevería a pensar que casi ni se dio cuenta que no estaban en color. La respuesta es que, nuestro cerebro es mucho más potente que cualquier artilugio creado por el ser humano; capaz de filtrar la información y darnos lo realmente esencial en cada momento. Sin apenas recursos externos, recuerda el pasado, las experiencias vividas y las personas ausentes, rellena de colores y sentimientos una foto antigua o un regalo olvidado en un cajón, nos aísla del mundo, si es preciso, o rellena con un montón de actividades e iniciativas una aparente soledad.

 

Seguramente, el cerebro de mi hija tardó unos pocos segundos en colorear esas fotos en blanco y negro, de forma que ya no importaba nada este detalle, sin duda algo excepcional para una nativa digital como es ella y, en general, todos nuestros jóvenes.

 

Nos empecinamos en tener una vida compleja, rellena de actividades complejas, con una creciente necesidad de tener a nuestro alrededor muchas cosas cada vez más sofisticadas, y sin embargo, reto a cada uno de ustedes a hacer una lista que enumere las vivencias más importantes o que hayan dejado una huella más profunda en sus vidas y verán que, la mayoría son temas aparentemente banales, sencillos y baratos: el primer paseo con quien ahora es su pareja, el primer regalo de Reyes a su hijo, una caña con los amigos, un atardecer sentados en la playa en verano, y tantos otros en que lo más importante, no eran las cosas, sino las personas con las que lo disfrutamos.

 

Tenemos una sociedad llena de ruido, que pierde una enorme cantidad de energía en calor, en rozamiento. Si tuviéramos que exprimir un día de nuestras vidas, como si fuera una naranja, no creo que saliera mucho zumo; es como vivir continuamente montados en una noria, dando vueltas y vueltas alrededor de algo, que a lo mejor, ni siquiera elegimos, o lo hicimos casi inconscientemente. Pero no hay que agobiarse, porque, esas pocas gotas de zumo pueden ser suficientes para llenarnos de un agradable sabor la boca, refrescarnos la garganta y aclararnos la voz. En el fondo, nadie se pregunta si hablamos y nos comunicamos, en color, o en blanco y negro, qué más da.

Pedro Antonio Morejón

Pedro Antonio Morejón

Director ICEX Castilla-La Mancha
Pedro Antonio Morejón

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