Ay, el Tajo

La naturaleza es la que es y se rige por sus propias normas (ajenas a la actuación del hombre), mientras que la cultura forma parte de todo aquello que el hombre ha hecho para utilizar, adaptarse o hacer frente a la naturaleza. El hombre no puede conseguir que haya dos veranos seguidos y tampoco está en su mano tener el equipamiento respiratorio de los peces. La naturaleza es así guste o no guste y no cabe pedir frente a ella un libro de reclamaciones.

 

Otra cosa es la cultura, que tiene que ver con lo que hace el hombre: cosas buenas y útiles (las gafas, las vacunas, los libros y los coches) y también cosas malas (la guillotina y la bomba atómica). Siempre he pensado que la cultura está relacionada con lo que le ha ayudado al hombre a sobrevivir en medio de la naturaleza. Por eso Ortega compara la cultura con el braceo de alguien que nada para no ahogarse (como ese ratón optimista que al caer en el cubo de leche no desiste en menear sus patitas y termina creando una capa de mantequilla que le permite salir del cubo, como cuenta el gran C. Walken en la película Atrápame si puedes).

 

 

Pues bien, lo que forma parte de la cultura es arreglable, tiene remedio, se puede transformar y cambiar. Lo que está en la naturaleza es como es. No podemos añadir un anillo más a Saturno, por ejemplo. Hay políticos que quieren hacernos ver que algunos problemas pertenecen a la naturaleza y por eso no tienen remedio. Es algo cómodo, un lavarse las manos y relajar la conciencia. Como la pobreza en el mundo es un problema natural, no tiene solución y ya está. Pero esto es mentira. El problema de la pobreza tiene que ver con la distribución de la riqueza y claro que tiene solución, por supuesto. Otra cosa es que no haya voluntad para resolverla. Esto es otro cantar.

 

Pues algo de esto hay con lo que sucede al río Tajo, me parece a mí. El gran problema es que no hay una voluntad política ni ciudadana de coger este toro por los cuernos. Me refiero al deplorable estado de contaminación, lleno de espuma, con que tenemos el río. Me consta que la alcaldesa está muy preocupada. Desde instancias europeas se emiten informes criticando cómo se encuentra, pero es un flatus vocis, no tienen fuerza jurídica con capacidad para imponerse.

 

Sería el momento de crear una asociación civil que elevara la voz, denunciando que queremos un Tajo limpio ya. Es el momento de mover ficha. ¿Qué ciudad queremos para el futuro?

 

Se pierde el tiempo diciendo que a ver de quién es la competencia, siendo un río que atraviesa gran parte de España. Que el problema está en los vertidos de zonas de Madrid y en el estado anoréxico que presenta por el trasvase a tierras murcianas. Que quizá sea la Junta la que deba mover ficha. Que si patatín y patatán. La Confederación insiste en que hay que arreglar las riberas, pero eso es como querer curar a un enfermo de cáncer llevándole a la peluquería, dándole unas mechas en el pelo, na de na.

 

Los únicos que levantan la voz como Dios manda son los componentes de la Plataforma en defensa del río Tajo y el Alberche, que cada dos por tres y por cuatro claman por el estado del río. El culpable ha sido el hombre, como descubrió el castor Moi cuando fue enviado por todos los animales a remontar el río para descubrir el origen de la contaminación, como narra F. Martínez Gil en El río de los castores. ¿Tiene arreglo el problema de la contaminación del río? Sí. Es un asunto que está en manos de la política y la técnica y eso depende del ser humano. ¿Supondría mejorar la calidad de vida y el ecosistema del río? Es indudable. ¿Sería costoso económicamente? Claro, pero también las instancias políticas dedican muchas inversiones a puras naderías, que todo hay que decirlo. Y sería, además, un indudable motor de riqueza, como lo fue en otro tiempo.

 

Yo estoy hasta los huevos de ver al río así. El río es el origen de Toledo, pues los primeros pobladores eligieron ese sitio por el agua que se acumulaba y se recogía en ese hondón rocoso formado por el valle. Me bañé cuando era pequeño en un tramo del río en la carretera de la Puebla. Y voy de vez en cuando al embarcadero con mi hija a ver las ocas y a visitar a los escritores P. Bravo y M. Paoletti, que viven allí. Y se me cae el alma a los pies, al ver cómo el río lleva el agua superpodrida.

 

Creo que sería el momento de crear una asociación civil que elevara su voz, denunciando que queremos un Tajo limpio ya. Es el momento de mover ficha. ¿Qué ciudad queremos para el futuro? Una gran plataforma cívica, compuesta por diferentes sectores de la población (el Ateneo, la Real Academia toledana,

 

Asociaciones, clubes de lectura, etc), que se manifestase. Pero algo hay que hacer, porque lamentarse de forma aislada no sirve de nada. Ha llegado la hora de pasar a la acción, de montar un buen pollo. Las generaciones futuras dirán de nosotros que hemos sido unos cagones y les hemos dejado un Tajo de mierda. Si no le echamos cojones nuestro Tajo se desangrará en nuestras manos y nosotros mirando para otro lado o cómo alguien lo cruza en tirolina y lo graban con el móvil.

 

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Santiago Sastre
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