As@os

La verdad es que el título no parece muy claro y hasta probablemente difícil de pronunciar; pero la tendencia aperturista y laxa de nuestra Real Academia de la Lengua, me tranquiliza a la hora de proponer palabro semejante (lo cual también se puede decir). A veces la persecución de objetivos loables, si la estrategia es equivocada, puede entorpecerse y, lejos de ayudar a su consecución, provoca el repudio y, lo que es peor, la burla.

 

Me voy a referir a uno en los que estoy especialmente comprometido: la igualdad de género. Todos los días nos levantamos con noticias lacerantes de abusos y violencia en que la mujer suele ser la víctima del comportamiento irracional de hombres, que no deberían ni siquiera recibir esta consideración. La religión, todas en mayor o menor medida –siento decir esto y acepto que alguno de ustedes no piense lo mismo- posterga a la mujer a un segundo nivel en todo tipo de responsabilidades, como si, en nuestro cerebro reptiliano, el género femenino fuera el responsable, activo o pasivo, de todos los males del mundo y, sobre todo, de los ocasionados por el macho de nuestra especie, sin duda violento por naturaleza, incapaz de controlar las descargas de testosterona.

 

En este absurdo hay quien justifica el uso de la violencia por considerar a la mujer como algo a poseer y a proteger, carente, en cierta medida, del don más preciado de la creación, como es el de la libertad. Sociedades muy modernas o mucho más primitivas, apenas han evolucionado en la consideración que otorgan a la mitad de su población: la mujer. Si acaso se alarga el sedal que las atrapa, se les da carrete como diría un pescador, pero al final, están atrapadas en el anzuelo. En el ámbito, económico, laboral, directivo, político y religioso, la mujer juega en segunda división.

 

Alguno de ustedes me estará poniendo a “caer de un burro”, tendrá en la cabeza singulares excepciones que rebatan lo que estoy diciendo, pero son eso, excepciones a la regla. Evidentemente hay matices, no estamos igual que hace unos años y todos nos estamos concienciando más al respecto, pero, hasta a los que se les llena la boca de igualdad, les podría pillar con “el culo al aire” al ver su comportamiento, y no me refiero solo al entorno masculino, personalmente he visto los mayores signos de machismo en muchas mujeres, incluso en las que se consideran abiertamente feministas, -al fin y a la postre, todos compartimos el mismo cerebro ancestral al que me refería al inicio-.

 

Sé que me estoy metiendo en un avispero y sobre este tema, hasta la tertulia más anodina empezaría a subirse de tono. De hecho, no hay sino que sacar este tema de debate en cualquier reunión para encender los ánimos, incluso reconozco que alguna vez lo he hecho para desenmascarar a algún alma pura, libre de pecado, que sin embargo no pudo pasar la prueba del algodón de la vida, porque, como dice el refrán, no es lo mismo predicar que dar trigo.

 

Llegados a esta altura, creo que todos ustedes habrán mordido bien el anzuelo y que como el pez que se debate por zafarse de aquél, se lo clava más y más. Dios me libre de ni siquiera intentar resolver semejante reto e injusticia social, el título no iba por ahí. Hasta a un convencido como yo en pro de la defensa de los derechos humanos y el principal es que éstos no tienen género, le provoca risa la estrategia sexista del lenguaje.

 

La pesada e infumable costumbre de aburrir al que escucha con la duplicación de palabras en ambos géneros, es una burla a la razón y a la educación. Todos aquellos que se enmarañan en dar una imagen hipócrita de abanderados en pro de los derechos de la mujer, aburriéndonos con sus discursos duplicados en as y en os, son eso, unos “as and os” (pronúnciese asnos) y disculpas a nuestros queridos pollinos.

Pedro Antonio Morejón

Pedro Antonio Morejón

Director ICEX Castilla-La Mancha
Pedro Antonio Morejón

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