ANA CRESPO: ARTISTA DEL MES

La artista de Talavera acaba de exponer en la Feria de Arte Contemporáneo de Lisboa y prepara ahora un nuevo proyecto en Bosnia que después se exhibirá en Granada.

 

 

Profesora de Técnicas de Expresión en la Escuela de Arte de Talavera, a la que llegó por azar hace 26 años, ganadora de la pasada edición del Premio internacional Barzaj por toda su trayectoria creadora, nominada el año pasado al Jameel Price que otorga el Victoria and Albert Museum de Londres y la Fundación Jameel de Dubai, Ana Crespo ha desarrollado una obra diversa y muy particular, impregnada de una incansable búsqueda personal y artística que comenzó en la cultura occidental, medieval y contemporánea, la llevó a bucear después en la filosofía zen y el taoísmo y desde los 90 a adentrarse en la cultura islámica y en el sufismo.

 

“Cuanto más profundizo en una cultura más consciente soy de su cercanía con otras tradiciones culturales. Siempre he tenido mucho interés social, pedagógico, espiritual y filosófico y siempre he creído en la capacidad inmensa que tiene cada ser humano de cambiar el mundo. Cuando asume su papel con entrega deviene una acción social”.

 

“El pensamiento visual está adoptando profundidad y diversidad de planos visuales, vamos hacia la cuarta dimensión”

 

El de ella, como creadora, busca “inducir resonancias en el espectador, despertar y activar esa parte sutil del ser humano a través de un principio de atracción. El arte te lleva a ese lugar que saca lo mejor de ti, tanto al creador como al espectador. Creo que los artistas debemos penetrar en nuestro tiempo, estar por encima de los patrones establecidos que te atrapan, ir más allá, verlo todo con una mirada abierta, desenfocada, manteniendo una distancia con lo que vemos, intuir los planos internos de las cosas. Es parte de nuestra profesión mantener una independencia en el sentir y en el pensar”.

 

 

Y bajo esas premisas, esta creadora de origen madrileño, viajera e investigadora incansable, ha encontrado en Talavera el espacio adecuado donde desarrollar su proyecto vital y artístico. “Siempre me planteo la obra con una duda, a veces conceptual o espiritual, y a veces lo que intento es precisar estas dudas. La respuesta me la da la forma creada, no la doy yo porque yo sé que la forma artística es mucho más poderosa que el pensamiento, que siempre es limitado. Para mí la creación es muy parecida a la alquimia: una vez que tienes la pregunta definida vas equilibrando y te dejas llevar por las resonancias que te van llegando y que te sobrepasan, hasta que llega un momento en el que sabes que eso es lo que querías: ahí está la obra acabada”.

 

‘Al amante por su condición le gusta suspirar’.

 

“¿Qué son mis obras, son pinturas, son esculturas? Son ambas y a la vez no lo son. A mí me gusta que desborden el plano, pero a la vez mi concepto es pictórico, me importa mucho el color, la sonoridad visual, el mínimo detalle de color y luz, las sensaciones de las superficies y su capacidad evocadora”.

 

En los últimos años Ana Crespo ha encontrado en el papel, de arroz, de seda, de lino, hechos a mano, el material con el que dar forma a sus proyectos. “Me ofrece versatilidad y me fascina su sencillez, la transparencia que permite que la luz le de vibraciones diferentes cada hora: las tonalidades doradas del mediodía, esa intensidad que va cogiendo, cómo la pieza va transformándose” .

 

“A mí me gusta hacer un arte para ser degustado. Quiero que se vea como una obra sencilla, como hecha trivialmente, y a la vez, que su fluidez active su cualidad simbólica. Mis obras son sutiles, pero son potentes también, no quiero hacer algo blando, si no algo que provoque una emoción interna poderosa. Y veo que con mi obra la gente conecta, me ha ocurrido siempre”.

 

El blanco parece predominar en sus últimas piezas, pero aclara la artista: “Su simbolismo varía en función del vínculo cromático y a la vez ese vínculo activa la cualidad simbólica de otro color. El rojo ha sido muy importante para mí, muy vinculado a la creación, a la visión interior, utilizado en la dirección correcta, ascendente, del blanco Venus”. También el dorado tiene un papel destacado en los últimos años. “Para mí tiene que ver con el león alquímico como conocimiento y sabiduría y como culminación”.

 

Ana Crespo trabaja con la galería Astarté de Madrid desde hace años y lo ha hecho también con Aba Art, y otras de toda Europa como Maze (Turín), Alicia Winters (Holanda) o Spotteart de Nueva York. “Mi trabajo gusta mucho en Alemania”, comenta ella.

 

La obra de Ana Crespo ha evolucionado y pasado por etapas muy diversas. “He ido cambiando y necesitando lenguajes diferentes”. Desde el expresionismo con una pintura muy matérica en los 80 a la etapa en la que conectó con el arte zen y taoísta y en la que ese refinamiento, el polvo de carbón, la tinta, los conceptos del lleno y el vacío definieron su creación. “Luego me impactó bastante la transvanguardia italiana, los iconos rusos y trabajé mucho con polvo de oro. Otra temporada hice estructuras en hierro a las que daba forma con fieltro y en los 90 trabajé con los objetos tradicionales cerámicos y en instalaciones”.

 

“Se están haciendo cosas muy hermosas, hay una vitalidad creativa, una búsqueda de una transformación, una sutileza de una manera que no ocurría antes”

 

REFERENTES. “He tenido referentes maravillosos.Wolfgang Laib, de quien disfruté en la Documenta de Kassel del 87; Miró, que ha sido un modelo vital: del arte como forma de servicio, sencillez, humor, de arraigo con la propia cultura y a la vez de libertad; Rotzkho, que era mi modelo en la universidad. Ahora hay muchas obras que me gustan muchísimo y me emocionan; la arquitectura es algo que ahora me produce un impacto muy fuerte”.

 

“El arte contemporáneo está más depurado cada vez, aunque luego se hagan cosas más groseras que a veces son más visibles, pero los museos, artistas, los críticos… yo veo que todo el mundo está muy afinado, veo un momento buenísimo. La mirada se está haciendo exquisita, el oído se está afinando. De mis viajes tengo amigos en muchas partes del mundo, trabajo con artistas de muchos países y veo que se están haciendo cosas muy hermosas, que están ocurriendo cosas muy positivas, que hay una vitalidad creativa, una búsqueda de una transformación, una sutileza de una manera que no ocurría antes. No soy profética ni nada de eso, pero creo que vivimos en un momento muy positivo del Universo, en el que se puede producir un cambio de una gran transcendencia, aunque también haya una negatividad y una agresividad tremenda para evitarlo y que se manifiesta en forma de ruido y distracción, buscando desalentar” .

 

 

Y en esa corriente, señala Crespo, también profesora de arte, los jóvenes creadores “tienen ya asimilados e incorporados una gran riqueza de códigos visuales que manejan con gran libertad visual. Diría que el pensamiento visual está adoptando profundidad y diversidad de planos visuales, vamos hacia esa cuarta dimensión. Y eso lo hacen los jóvenes de una manera fácil y natural, aún desconociendo en muchos casos la transcendencia que implica en la evolución social presentar esas soluciones visuales, que aunque aparentemente parezcan frívolas, formalmente suponen la constatación de la progresiva madurez visual a nivel social”

 

“Hay un gran dinamismo creativo, fresco, rápido y se trabaja desde la intuición visual. Si pienso en mi hija, Paula Garra, que tiene 20 años y está estudiando Bellas Artes, veo una madurez artística y profesional y una libertad de pensamiento que yo a su edad no tenía”.

 

Ana Crespo se recuerda copiando a los clásicos desde muy pequeña, a Murillo, a Velazquez. “En mi adolescencia me fascinaba El Greco. A mi madre el arte y la belleza le daban mucha alegría y mi padre había sido un excelente fotógrafo y también admiraba el arte. A ambos verme entregada a la pintura les daba mucha felicidad, incluso al final de sus vidas, y viceversa, tristeza cuando tenía una pausa en la pintura. Estoy muy agradecida a ellos”. señala la artista.

 

“En mi casa había libros de arte muy bonitos y a mí me encantaba verlos. Desde muy pequeña fui a clases de pintura con la hija de Álvarez de Sotomayor, antes de estudiar Bellas Artes. Siempre he tenido muy viva una vocación artística”. Y esa vocación también ha incluido a la danza y al teatro, disciplinas que también ha practicado.

 

“Los artistas debemos penetrar en nuestro tiempo, estar por encima de los patrones establecidos que te atrapan, ir más allá, verlo todo con una mirada abierta e intuir los planos internos de las cosas”

 

PROYECTOS Y PREMIOS

 

Exposición en Sarajevo. Será en octubre, en la Galería Nacional de Bosnia Herzegovina. Ana Crespo prepara una instalación junto a la artista bosnia Melija Teparic centrada en el Principio Femenino. “La tradición alquímica lo concreta en el agua y es esa parte lucida, creativa, flexible, juguetona que está presente en el ser humano”. Tienen previsto que el proyecto, en el que el sonido y el texto también jugarán un papel destacado, se exhiba después en Granada, ya con la participación de la escritora Luce López-Baralt.

 

Premio Barzaj. Otorgado por Muhyiddin Ibn Arabí Society Latina, Ana Crespo lo recibió a finales del año pasado en reconocimiento a su trayectoria creativa. “Lo más bonito es lo que significa para mí como lazo simbólico con Ibn Arabí”. La artista ha estudiado a fondo el legado de este pensador andalusí nacido en 1165 en Murcia y ha escrito sobre él. “Sus textos inspiradores son de una gran precisión y producen lucidez”.

 

Libros. Ana Crespo tiene pendiente la publicación de su cuarto libro, ‘La cualidad develadora de la imaginación’. Sobre su investigación estética ya ha publicado ‘El Zen en el arte’ (1997), ‘Los Bellos Colores del corazón’ (2008) y ‘Rojo, verde, blanco y negro, las cuatro ramas del Árbol del Universo’ (2013), ambos se publicarán en árabe.

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