Al hilo de la Semana Santa

Ya se oyen a lo lejos los tambores de la Semana Santa, la fiesta cumbre del catolicismo. Siempre se dice que la religiosidad católica anda un poco de capa caída, pero es en estas fechas, en las que se celebra la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, cuando más afloran los creyentes en los actos y procesiones. Se trata de una fe quizá no muy articulada, popular, espontánea (que no se cultiva el resto del año tal vez), de tipo ad hoc dirigida hacia un Cristo o una Virgen, pero fe al fin y al cabo.

 

Hubo un momento (en la época de la Ilustración) en el que se pensó que la razón eliminaría todas las religiones. Pero no sólo esto no ha ocurrido, sino que con el tiempo muchas han ido afianzándose. El hombre está rodeado de muchos misterios y anda con bastantes interrogantes a la espalda. Luego está el golpe seco y demoledor de la muerte. Y ante estas circunstancias las religiones ofrecen una pequeña luz (aunque sea como la de una linterna).

 

El profesor Ángel Ballesteros ha desempeñado un papel decisivo en esa labor de recuperación y revitalización de Talavera con su compromiso cívico, con sus clases y charlas y con sus libros

 

Yo he tenido muchos profesores en la Universidad que se cachondeaban públicamente de la religión en sus clases. Para las personas que somos creyentes la religión es importante porque es como unas gafas que nos permiten contemplar e interpretar la realidad (ofrecen una cosmovisión), por eso merecemos un respeto. No entiendo ese odio o esa animadversión que he visto muchas veces. Ya sé que hay que tener las espaldas anchas porque en un contexto democrático es natural la crítica, la mofa, la ironía, la provocación (como hacen muchos artistas), pero no creo que insultar sea un modelo cívico que incentive la convivencia.

 

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Santiago Sastre
Santiago Sastre

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