Aguas termales: salud, turismo y negocio

Aurelio García López es un prolífico historiador, investigador y escritor de Guadalajara, que viene publicando asiduamente en los últimos años sus trabajos sobre muy diferentes temas históricos. En esta ocasión ha centrado su tema de estudio en un fenómeno de interés, con amplia presencia en nuestra región: las aguas termales, o balnearios, no sólo como yacimientos o fuentes de salud, sino también como fenómenos empresariales y turísticos.

 

Es verdad que existían ya libros sobre el tema, antiguos, modernos, sobre todo acerca de algunos balnearios de modo concreto, pero este es, que sepamos, el primero que ofrece una visión de conjunto sobre todo ello.

 

En las tierras que hoy forman nuestra región hay noticias de balnearios ya en época romana y sobre todo durante la etapa árabe en España; pero será durante finales del siglo XVII y sobre todo en el siglo XVIII cuando se produzca la eclosión de este fenómeno. De estos siglos datan en concreto los famosos balnearios de Solán de Cabras, en la Serranía de Cuenca y el de Trillo, en Guadalajara, mandado construir por Carlos III.

 

En el siglo XIX, cuando la actividad termal toma ya una dimensión muy extendida, hay constancia de hasta 120 balnearios en nuestras cinco provincias. En la actualidad son 28 los registrados, y de todos ellos da buena cuenta, histórica y documental, este libro. Por mencionar sólo algunos, los más conocidos en Toledo, Real de San Vicente y Venta del Hoyo; en Guadalajara el ya citado de Trillo y el de La Isabela, en Sacedón; en Cuenca, el mencionado de Solán de Cabras y los Baños de Alcantud; en Albacete, los de Salobre y Villatoya; y por último en Ciudad Real, la provincia con mayor número de balnearios, se pueden destacar los de Fuencaliente, Santa Cruz de Mudela, Puertollano y los de Villar del Pozo.

 

Como señala el autor, Ciudad Real fue la segunda provincia española (tras Guipúzcoa) con mayor número de estos establecimientos; llegó a tener censados hasta 43, en el siglo XIX. Es significativo que uno de los más antiguos, y citados, tratados sobre esta materia sea el del doctor de Puertollano Alfonso Limón Montero, catedrático de Medicina en la Universidad de Alcalá y que llevaba por título Espejo cristalino de las aguas minerales de España; fue publicado en 1697.

 

En los primeros balnearios de finales del XVII y del siglo XVIII, el papel de la monarquía (los reyes o algunos de sus ministros) o la nobleza fue muy relevante. Así sucedió en los casos de Trillo, Sacedón, Solán de Cabras y Fuensanta (en Ciudad Real). Posteriormente, ya en el XIX se plantean más como elementos de termalismo y turismo para las clases adineradas.

 

A raíz de los procesos de desamortización del siglo XIX la práctica totalidad de los balnearios pasó a manos privadas, y fueron explotados como negocio por elementos de la naciente burguesía urbana, si bien algunos siguieron siendo propiedad de sus Ayuntamientos respectivos. A partir de 1816 una Real Orden obliga a que todos los balnearios cuenten con un médico-director. A lo largo del siglo XIX en muchos de estos balnearios (no en todos) sus propietarios fueron construyendo complejos hoteleros y explotándolos como recursos turístico; esto dinamizó durante algún tiempo la economía de las localidades en que se situaban. Estamos pues ante un fenómeno cultural, sanitario y económico de gran importancia que es tratado en este libro desde un punto de vista histórico y global, lo que lo hace de gran utilidad para el curioso lector.