“A contracorriente”

El ser humano es gregario por naturaleza. Aunque alardeemos de individualidad, lo cierto es que desarrollamos nuestras máximas capacidades cuando lo hacemos en el seno de la sociedad. Cada uno nos ubicamos en el entorno en el que explotamos unas determinadas cualidades y nos servimos de las de los demás. Ahí nace la especialización y, como consecuencia, el intercambio de servicios entre unos y otros. Como dice la famosa canción de Nacha Guevara “…y en la calle, codo a codo, somos mucho más que dos”.

 

En el seno del grupo, no solo se desarrollan las habilidades personales, sino que sobreviven los individuos que, aislados, hubieran sucumbido rápidamente, bien por enfermedad o por carencias esenciales. Todos los animales gregarios se aprovechan de ello y el ser humano no iba a ser una excepción y así nos atrevemos a llevar la contraria a la selección natural, con más o menos éxito.

 

Dependemos tanto los unos de los otros, del vagón que tenemos delante y del vagón que tenemos detrás que, cuando inesperadamente algo se para o cambia, nos deja paralizados

 

Sin embargo, el vivir en sociedad no nos aporta solo ventajas. Quizás nos permita vivir mejor, o al menos vivir más tiempo, pero, llegados al extremo, nuestro peregrinar por este “Valle de Lágrimas” se puede hacer un tanto tedioso y monótono. Sin más que hacer una sola cosa, durante mucho tiempo y, como no, hacerla cada vez mejor, nos granjeamos el afecto de nuestra sociedad y ésta nos retribuye con todas las demás habilidades de las que carecemos.

 

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Pedro Antonio Morejón

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Director ICEX Castilla-La Mancha
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