4 pasos para comunicarnos con asertividad

Nuestro lenguaje está plagado de elementos que producen violencia, rechazo o que bloquean la comunicación. De hecho, hay numerosos factores que generan alejamiento, frialdad o una ruptura de la comunicación: criticar, culpar, regañar, ironizar, reprochar, aconsejar, convencer, comparar, despreciar, insultar, etc. Todo lo que ellos tienen en común es que contienen un ‘tú’. Por ejemplo, “por tu culpa”, “(tú) eres muy torpe”, “(tú) has llegado tarde”, etc. Y por razones antropológicas, el ser humano frente al ‘tú’ se siente atacado y en consecuencia ataca o huye.

 

La calidez en el lenguaje siempre produce acercamiento entre las personas, la frialdad en la comunicación implica un alejamiento. ¿Qué podemos hacer para decir lo que queremos decir sin dañar al otro y sin que nada se nos quede dentro? Esta fórmula es muy sencilla:

 

Primer paso: Observo. Se trata de describir con la mayor objetividad posible la situación que nos molesta o que nos preocupa. Cuando hablo de objetividad me refiero ciñéndonos a los hechos de tal manera que cualquier persona en cualquier lugar sepa lo que queremos decir. Por ejemplo, imaginemos que un compañero de trabajo llega siempre tarde. Y supongamos que tenemos que trasladárselo porque está afectando a todo el rendimiento del equipo, pero nos produce una gran incomodidad decírselo.

 

Lo que pretendemos conseguir son dos cuestiones, por un lado ser objetivos y por otro lado no emitir ningún juicio acerca de lo que sucede. Si le decimos “eres un vago que siempre llega tarde”, evidentemente, hay tres juicios. El primero un insulto, que es un vago. El segundo una generalización que lo hace siempre, ¿siempre sin excepción? El tercero es una opinión, que llega tarde. Llegar tarde es un juicio. Lo objetivo sería decirle: “compañero, (observo que) los cinco días de esta semana has entrado a las 8:30 y la hora de entrar al trabajo son las 8:00”. Creo que la diferencia es significativa, ¿verdad?

 

Segundo paso: Siento. Como somos emocionalmente pobres, nuestro espectro de vocabulario en torno a cómo nos sentimos suele variar entre “bien, mal o regular”. Si no, haz la prueba. Pregunta a un grupo de personas como se sienten y verás cómo el 90% te responde que “bien, mal o regular”. Básicamente, no tenemos vocabulario emocional. En cualquier caso, lo importante aquí es expresar lo que tú sientes.

 

Por ejemplo, en relación al compañero que llega tarde le puedes decir: “me siento enfadado, incómodo, molesto, frustrado, triste, desconcertado, etc.” Atención, no confundas un sentimiento con un juicio sobre ti mismo: “me siento inútil, me siento estúpido, me siento incompetente”, porque no son sentimientos. Son juicios o creencias sobre ti mismo. Otra cosa que tienes que considerar es que estás hablando de ti, con lo que es bastante probable que lo que dices será irrefutable, dado que es tuyo, que te pertenece. Los sentimientos no están sometidos a juicio. Son sentimientos.

 

Tercer paso: Necesito. Las necesidades son los motores del ser humano. Es más, concretamente, las necesidades no satisfechas son la motivación de casi todas nuestras acciones y el fundamento de nuestras emociones. Es decir, si tienes hambre, quieres comer. Si no tienes hambre, el hambre no te importa y en consecuencia no se genera ninguna acción en relación con el hambre. De nuevo, como la necesidad es tuya habla de ti.

 

En el ejemplo anterior: necesito puntualidad, tranquilidad, seguridad, control, serenidad, orden, etc. Piensa en aspectos que tú necesites, y que se refieran a ti. Pon mucho cuidado en no decir “necesito que tú” porque precisamente lo que estamos intentando es evitar poner un ‘tú’ en la conversación, porque el tú rompe la comunicación al disparar todas las alarmas del otro a sentirse atacado.

 

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Pedro Salvador

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