2016, un año de transición

Dos asuntos nos ha traído de cabeza en 2016: la formación de un gobierno en España, que nos ha hecho repetir elecciones, y el fenómeno Trump que amenaza dar que hablar durante mucho tiempo. Tan entretenido nos ha tenido esto que la política más cercana, ayuntamientos, diputaciones y comunidad autónoma, la que afecta más directamente, ha pasado a un segundo plano. Será el entretenimiento señalado o el mérito

 

de los políticos de aquí; pero lo cierto es que la tónica general ha sido la de la estabilidad en los gobiernos municipales, provinciales y el autonómico, a pesar de que rara es la institución gobernada por un partido con mayoría absoluta.

 

El único asomo de ruptura, el que anunció Podemos en Castilla-La Mancha, lo fue por razones que poco tenían que ver con la política regional, por más que así lo dijera su secretario regional, José García Molina. Tenía que ver más con eso que a todos nos ha entretenido y al PSOE mucho más de la formación de un Gobierno en España. La teórica ruptura era del acuerdo de investidura, no existía pacto de gobierno, y por tanto era poco más que humo, un tirón de orejas, una crítica y no tanto algo que realmente pudiera afectar a la gobernabilidad. Así lo entendió el propio PP que no se cansa de señalarlo cada vez que puede y aunque no pueda.

 

La tónica general ha sido la de estabilidad en los gobiernos municipales, provinciales y el autonómico, a pesar de que rara es la institución gobernada por un partido con mayoría absoluta.

 

Quien no ha roto el acuerdo de investidura es el Presidente García Page, primero porque en el mismo no existe nada que pudiera incomodarle, eran puntos muy realistas siempre y cuando se cuente con un mínimo de solvencia económica, que no la hay todavía. Segundo porque es el menos interesado en dar argumentos a los que pretenden que Podemos radicalice la postura con respecto a su Gobierno. El PSOE lo ha tenido fácil, salvo en los problemas que el mismo se ha originado, que no han sido pocos. La oposición del PP, falta de un referente claro de liderazgo, al haber abandonado su presidenta el parlamento regional por el congreso de los Diputados, no ha pasado de los exabruptos. De tal manera que se confunde cuando están formulando una crítica rigurosa a la labor del Gobierno, con una más de las frases hechas adjetivadas acuñadas en busca de titulares.

 

Señalaba que la estabilidad de gobierno había sido la tónica general para todos, independientemente de que partido está al frente de la institución de turno y quienes le apoyan. PSOE e IU o Podemos en su caso han dado pocos cuartos al pregonero, salvo lo citado a nivel regional, en cuanto a entenderse para gobernar. Tampoco el PSOE ha tenido complicación alguna cuando su apoyo es de Ciudadanos. Este partido ha facilitado, de la misma manera, la gobernabilidad allí donde el PP era minoría mayoritaria y necesitaba de sus votos. Con la llamativa excepción en la diputación de Toledo donde su representante, Antonio López, se ha mantenido firme en no apoyar a García Tizón, a pesar de las presiones que ha tenido en ese sentido. Antonio López, finalmente, en 2016 ha dejado de ser el coordinador regional de Ciudadanos. La política según se aleja de los tertulianos televisivos y se acerca a los ciudadanos se aprecia de manera menos dramática, más normal y práctica.

 

Pero el año trajo unas nuevas elecciones generales que supuso, en Castilla-La Mancha, un éxito para el PP, con respecto a las celebradas unos meses antes, al sumar dos diputados más, uno en Toledo y otro en Guadalajara. Curiosamente las dos provincias que hicieron perder el gobierno a Cospedal. El PP obtuvo 12 de los 21 diputados que se elegían en la región, unos meses antes había conseguido 10. Los bastos pintaron para Ciudadanos, partido para el que la Ley Electoral volvió a ser especialmente perversa. Con tan solo 16.000 votos menos que en las elecciones anteriores; perdió sus tres diputados, el de Guadalajara, Toledo y Albacete. Los dos primeros fueron para el PP y el tercero para Podemos que consiguió 2 representantes, uno más que en las anteriores. El PSOE mantuvo sus 7 diputados aunque bajó 28.500 votos. Los 475000 que obtuvo el PP le supusieron 12 diputados, los 600.000 que sumaron los otros tres partidos que le siguieron se tradujeron en 9 diputados.